La estrategia de los vendedores para burlar los controles en el Metro
Norma (que prefiere no entregar su nombre completo por motivos de seguridad), hace varios años es parte del programa Mercado a un Metro, de Metro de Santiago, que facilita espacios para que emprendedores vendan sus productos, por lo que a diario tiene que convivir con el comercio ambulante. Cuenta que los vendedores ilegales llegan a las siete de la mañana, se van cuando termina la hora punta, agrega, y regresan a las seis de la tarde.
«Trabajan en familias. Algunos venden dentro de la estación y otros en los accesos al Metro. Si ven a los guardias, les avisan a los que están dentro del torniquete para que guarden sus cosas. Ni siquiera toman los paños con los productos, sino que meten todo en un carro y se pasean por la estación hasta que los guardias vayan a fiscalizar a otro lugar. A veces se quedan apoyados en una pared mirando el celular. Los guardias saben que son ambulantes, pero no pueden hacer nada porque en ese momento son un usuario más», describe.
Fernández dice que las estaciones con más comercio ambulantes son las que tienen combinaciones a otras líneas de Metro. En Plaza de Armas, agrega, una persona todos los días vende preparaciones con mango, entre las seis y ocho de la tarde. «Vende todo, deben ser $300.000 diarios. La mayoría de los vendedores son chilenos, entre 20 y 40 años», finaliza.


