«Los jugadores de la Generación Dorada no eran robots»

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Wilson Vásquez repasa sus 18 años en el búnker de la Roja en Juan Pinto Durán

El histórico utilero, cuyo padre se suicidó cuando él tenía nueve años, llegó de casualidad al fútbol y su vida cambió para siempre. Partí en La Serena donde Víctor Merello, antes de entrar a la cancha, se tomaba su café con un cortito de pisco para calentar.

Hay lugares donde el tren con suerte pasa una vez en la vida. Uno de esos sitios, por ejemplo, es la población Tierras Blancas, conocida como el patio trasero de Coquimbo y donde la única huella del progreso es el Cesfam Lila Cortés, que el Estado construyó hace ocho años en medio del abandono.
De esas calles polvorientas sabe bien Wilson Vásquez, el histórico utilero de la Roja al que en febrero pasado echaron luego de 18 años. El serenense, que era parte del inventario de Pinto Durán, nació en ese barrio repleto de herencias de vicio. «A los nueve años perdí a mi padre debido a que él tomó una mala decisión y terminó suicidándose por el alcohol», recuerda el hombre que fue uno más de la Generación Dorada.
La historia de Vásquez es la de ese niño de Tierras Blancas que a los 12 descubrió el fútbol en vez de patear piedras. «Un tío vivía cerca del estadio de La Serena y yo me iba del colegio a ver al equipo entrenar. Al inicio me ponía detrás del arco y les pasaba las pelotas», relató.
¿Cómo llegó a convertirse en utilero?
«De a poco le empecé a caer en gracia a los jugadores. Les hacía las bolsas para que se hidrataran, aprendí a enrollar las vendas y a conocer los trucos de este oficio».
Hoy Wilson Vásquez tiene 47 años y los últimos 35 los ha pasado dentro de un camarín. Y vaya que conoce ese espacio sagrado lleno de secretos. «Partí en La Serena donde jugaban Óscar Wirth, Juan Carlos Letelier y Víctor Merello, que antes de entrar a la cancha se tomaban su café con un cortito de pisco para calentar», recuerda de ese equipo de Luis Santibáñez.
¿Y cómo se dio ese salto a la Selección?
«Nunca lo imaginé. De La Serena salí por deudas impagas y me vine a Santiago a trabajar con el equipo del Sifup hasta que el 2006 me salió una beca para ir a estudiar liderazgo deportivo a Sudáfrica. Al regresar, el 2007, un amigo me cuenta que Javier Riquelme, el eterno utilero de la Roja, había estado preguntando por mí y, después de hablar con él, me incluyó en el staff».
¿Y qué sintió al verse en Pinto Durán?
«Lo primero que pensé es ¿qué hago aquí? Pero fue Dios el que me puso en este camino para demostrar que cuando uno es responsable, los sueños se cumplen».
Le tocó trabajar con Marcelo Bielsa, ¿cómo fue eso?
«Su trabajo jamás lo habíamos visto; había elásticos por todos lados, estacas que había que poner de cierta manera. Era un campo minado el que pedía construir todos los días. Yo me transformé en el tramoya que preparaba un verdadero escenario. Bielsa fue un sembrador de todo lo que se logró después».
¿Cómo la Copa América del 2015?
«Claro. Eso fue con Sampaoli. Se habían creado lazos muy fuertes. Los jugadores me hacían las típicas bromas por mi parecido con con David Pizarro. Conseguir la Copa América fue un sueño. A mí me tocó ver el penal de Alexis detrás de un letrero y muchos lloramos de alegría después de todo lo que nos costó».
Un episodio no menor fue cuando Arturo Vidal chocó su Ferrari?
«Sí. Bueno, a diario tomamos decisiones y nos equivocamos. Pero adentro todo se enfrentaba en un ambiente familiar. Sabíamos que juntos podíamos sacar adelante esas situaciones inesperadas».
Después de tantas vivencias en la Roja, debe haber sido duro el despido, ¿no?
«Sí, sí. Tuve cuatro días muy emocionales, porque fueron casi 18 años en la Selección. La pena es más por los recuerdos, pero luego entendí que el ciclo se acabó. Ahora sé lo que quiero para el mañana».
¿Y qué quiere?
 
«No quedarme pegado. Afortunadamente, logramos terminar bien nuestra relación. Firmé el finiquito y en mi mente ya no hay melancolía. No he querido ir al estadio a ver los partidos de la Selección, pero con varios jugadores sí he intercambiado mensajes».
¿Qué siente que estemos, prácticamente, eliminados del Mundial?
 
«Parecía imposible, pero cuando los procesos se interrumpen pasa esto. También hay un desgaste natural de los jugadores. Han pasado muchos años ya desde la Generación Dorada y los jugadores no son robots. Eso yo hoy lo transmito».
¿Cómo así?
 

«Hoy tenemos la Fundación Corazón Sano In Sport, hemos visitado a más de 25 mil niños por todo Chile con un museo de camisetas y les enseñamos que con los valores del fútbol se cumplen los sueños. En la charla dejamos que se pongan las camisetas de grandes jugadores y mandan saludos figuras como Iniesta, el Kun Agüero y Alexis».

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