Los niños asesinos de Liverpool y sus vidas arruinadas

Fecha:

El gusto de matar por matar

Una madre perdió a su hijo mientras realizaba sus compras. Nunca más lo volvió a ver.

Jon Venables y Robert Thompson -insufribles matones de colegio- vagaban cada tarde por los arrabales de Liverpool. Ambos tenían diez años, eran pésimos estudiantes y provenían de hogares destruidos. Su pasatiempo era hacer maldades; un día, quién sabe por qué, decidieron matar a un niño. Y lo hicieron.

Aunque han pasado casi dos décadas desde el salvaje homicidio del pequeño James Bulger, las heridas que el crimen infligió a la sociedad británica aún no cicatrizan. Esta semana se supo la razón por la cual Venables ha vuelto a la cárcel: acusado de distribución de pornografía infantil.
Matar porque sí

La tragedia se desencadenó el 12 de febrero de 1993 en las afueras de Liverpool. En vez de estar en clases, Venables y Thompson robaban chucherías en el mall «New Strand». Cerca del mediodía abordaron en los pasillos a un infante que contemplaba una vitrina; por fortuna, su madre apareció. Más tarde hostigaron a una anciana sólo porque cojeaba.

A las 3:37 PM, Denise Bulger entró a una carnicería del centro comercial junto a su hijo James, de dos años. Ocupada con las compras, en un momento lo perdió de vista. Cuando recibió su paquete, el pequeño no estaba: nunca más lo volvería a ver.

Según registros del circuito cerrado de TV, a las 3:39 Robert Thompson le habló al pobre James. El niño -curioso y confiado- no dudó en aceptar la invitación a dar una vuelta. A las 3:42 el menor caminaba al lado de Robert, quien seguía a Jon hacia los estacionamientos del mall. Una vez afuera, los tres marcharon cuatro kilómetros hasta llegar a un canal; en el trayecto fueron vistos por al menos 38 personas.
¿Niños o adultos?

Los restos de James sólo fueron descubiertos por la policía dos días mas tarde.

Finalmente el caso se resolvió de manera relativamente rápida. Al ver en TV la secuencia captada en el mall, una locataria reconoció a los chicos. Venables y Thompson fueron arrestados, admitieron la culpa y las pruebas de ADN ratificaron su responsabilidad. Gran Bretaña se desplomó: por decisión expresa del gobierno, los criminales serían imputados como adultos.

La presión de la prensa amarilla logró que los rostros y nombres reales de los reos fueran hechos públicos al inicio del juicio celebrado en noviembre de 1993. Mientras en las audiencias los inculpados mostraban total desdén e intentaban inculparse entre sí, cientos de manifestantes exigían las penas del infierno en las afueras de los tribunales.

Los homicidas fueron condenados a cumplir al menos ocho años de reclusión en recintos separados.
Miedo al secuestro

A raíz del «Caso Bulger», Gran Bretaña vivió durante años una ola de histeria: los niños perdieron el derecho a salir solos a la calle y miles de madres afectadas por el «Síndrome del miedo al secuestro» dejaron sus empleos para quedarse en casa.

Jon y Robert -quienes jamás se volvieron a ver- salieron en libertad bajo palabra en junio del 2001. Tras largas deliberaciones, una comisión del Ministerio del Interior determinó que ninguno era un peligro para la sociedad: las condiciones para dejar la cárcel fueron no visitar la zona de Liverpool, no acercarse a la familia Bulger ni tener contacto alguno entre ellos.

Para evitar venganzas contra los veinteañeros, se les concedieron nuevas identidades y los tribunales prohibieron a la prensa informar sobre cualquier detalle sobre sus vidas. «No me detendré hasta enfrentarlos», prometió entonces Ralph Bulger, padre del asesinado James.

Denise Bulger -quien se divorció de Ralph pocos años después del crimen- recibió el 2004 un soplo anónimo sobre el paradero de Thompson: aunque lo encontró, al enfrentarlo cara a cara sufrió un shock nervioso y fue incapaz de dirigirle la palabra. «No puedo perdonarlos, jamás han mostrado remordimiento por haber matado a mi hijito a sangre fría», sollozaba en el «Daily Mail». La justicia extremó las medidas para proteger la privacidad de los excarcelados; incluso se pensó llevarlos a Canadá, Australia o Nueva Zelanda, pero las tratativas fueron infructuosas.

De ahí en más, lo único que los medios lograron publicar fue que los ya crecidos «niños asesinos» residían en ciudades distintas del norte de Inglaterra, habían perdido el cerrado acento de Liverpool y que sus exámenes sicológicos demostraban que estaban arrepentidos. Y así llegamos a este año, con el nuevo encarcelamiento de Jon Venables. De Robert Thompson, por cierto, no se ha vuelto a saber.

Compartir:

Hoy en lun.com

Tendencia

Artículos Relacionados

$2.831.336.713: detalles de polémica auditoría por remodelación en ministerio de la Mujer que partió en 2023

Exministra Antonia Orellana rechaza el peritaje La subsecretaria de la...

Entretelones del tenso cruce entre Gala Caldirola y Coté López

La española habló anoche en Primer plano sobre su...

Pamela Díaz sentenció a Mago Jiménez y Pinilla: «Son un par de fallados»

Así los tachó la animadora en un podcast Tras el...

Ojo si se topa con alguno de estos cascos: los robaron de un museo

Hay piezas de Eddie Irvine, Clay Regazzoni y Eliseo...