El antes y el después de la aparición de James Hamilton en Tolerancia cero
Llegó, se sacó su chaqueta y se sentó a lanzar tranquilo su bomba. Terminó ignorando insistentes llamados a su celular y pidiendo desesperadamente un cigarro.
Después de lanzar calmadamente sus noqueadoras declaraciones, esta vez ya no sólo contra Fernando Karadima, sino a todo su círculo de protección, James Hamilton respiró profundo, pero no se movió de la silla que ocupó en la última edición dominical de «Tolerancia cero», un programa que quizás no se olvidará hasta el fin de los tiempos. Tras escuchar frases como «(el cardenal) Errázuriz es un criminal», «si hay alguien que me gustaría que pagara es él» y «una persona muy conocida del grupo de los Matte fue a contarle a mi anterior jefe en la Clínica Santa María, Juan Pablo Allamand, que a mí me habían echado de la Clínica Alemana por un sumario de acoso sexual», los primeros que se levantaron fueron los panelistas y el conductor, con la certeza de haber vivido un hito inolvidable para la sociedad chilena.»Había sido un momento muy impresionante para los cuatro. La producción siempre tiene preparado un cóctel después para los invitados. En ese momento, Villegas le dijo a Hamilton ‘supongo que te quedas con nosotros'. Y Hamilton le respondió'ningún problema, nos quedamos'. Andaba con Juan Carlos Cruz, otro del acusadores de Karadima», cuenta Matías del Río, el conductor.
Entonces, todos se encontraron en el salón destinado para la reunión protocolar. Hamilton ya no estaba tan tranquilo como lo acababa de ver todo Chile. «Allí él cambió mucho. Estaba como muy prendido, sabía el efecto que iba a tener lo que había dicho. Empezó a recibir algunos llamados, pero no los contestó. Dijo ‘¿quién me da un cigarro?, ¿quién me da un cigarro?' Incluso me parece que no es fumador habitual. Se notaba que estaba consciente, procesando un momento que de inmediato se dio cuenta que iba a ser clave», agrega el también hombre ancla de «Última mirada».
Como era el segundo invitado, Hamilton llegó al canal cuando «Tolerancia cero» ya estaba al aire, así que ningún integrante del panel habló con él antes. De hecho, Del Río admite que nunca en su vida había estado con él. Sólo lo conoció en el estudio.
Pero hacía rato que desde este espacio televisivo querían tener a Hamilton. Sólo esperaban poder hacerlo calzar con algún repunte mediático del caso. «El lunes pasado, la justicia lo reabrió y me pareció que era la hora para tocar el tema más profundamente. Justo Gustavo Mannen, de CNN Chile, le hizo una entrevista a media semana. Me di cuenta que Hamilton tenía dos cosas importantes: una capacidad para expresar sus pensamientos de una manera sólida y fluida, pero lo que más me interesaba es que denunciaba al círculo de protección de Karadima», explica Alberto Luengo, el editor del programa. Al otro día, Luengo conversó con dos de los panelistas y coincidieron en que era un buen invitado para el domingo. «El jueves lo llamamos después del almuerzo de pauta, donde todos estuvieron de acuerdo. Él dijo que bueno de inmediato», precisa.
Chao comerciales
Desde que llegó al estudio, Matías del Río se dio cuenta que Hamilton venía muy tranquilo. «No lo noté para nada nervioso. Llegó en los comerciales, se sacó la chaqueta con que andaba, la puso en el respaldo de la silla, saludó muy amable y se sentó. Lo vi con un carácter muy firme, como muy claro a lo que venía».
Todo lo que pasó desde el minuto en que Hamilton salió al aire es algo que nadie en el equipo pudo calcular. «Este es un programa no de alto rating y por eso nuestro interés es tratar los temas relevantes. Este caso estaba siendo injustamente relegado por los medios tradicionales. Mi sensación es que después de la condena del Vaticano, la prensa se había dado por satisfecha, con la notable excepción de Ciper Chile, que había publicado un reportaje sobre cómo el círculo de Karadima estaba desafiando la condena y que mencionaba a los mismo obispos que identificó Hamilton», aclara Luengo.
La sorpresa fue tal que el tradicional esquema del programa se fue al carajo. No hubo comerciales entre medio de la entrevista. Todo el golpe fue de corrido. «De hecho, nos comimos el último bloque. Fuimos a una pausa, volvimos y despedimos. Lo dije al aire: nos pasamos del tiempo y ni me acuerdo de lo que venía en el cuarto bloque. En un momento, por interno me dijeron que teníamos que irmos a un corte y me encendieron una señal, pero yo les dije que no, que siguiéramos. Y ahí me dieron el OK, porque todos entendimos la tensión de lo que estaba pasando», agrega Matías del Río.
Aunque el objetivo estaba claro desde un principio, Luengo puntualiza que cada panelista hace las preguntas que quiere. «Nadie podía anticipar exactamente cómo iba a ser la entrevista. La verdad es que superó todas nuestra expectativas desde el punto de vista de impacto».
La cosa fue tan así que, al otro día, entre masticada y masticada del delicioso wagyú de Osorno y las ostras traídas desde Chiloé para la ocasión, los invitados a la cena de gala que ofreció Sebastián Piñera al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en La Moneda, casi se atragantaban para comentar la aparición televisiva de Hamilton. Diputados, senadores y todo tipo de influyentes personajes del acontecer político, económico y social del país hablaban y hablaban del testimonio.
El peso del silencio
Aunque en las redes sociales muchos criticaron el accionar de los panelistas, pues se decía que no intervinieron mucho y que todo estaba pasando pese a ellos, Luengo está totalmente en contra de esa opinión. Como editor, sintió que lo relevante era dejarlo hablar, pues se trataba de una entrevista testimonial. «No había que contradecir, como en una política. Acá había que escuchar. Por otro lado, la actitud que tuvo el conductor, que es con quien yo más tengo interacción, fue pedir precisiones cada vez que Hamilton hacía una imputación: de qué se trataba, si vieron, si participaron, si eran culpables de abuso también».
«Tolerancia cero» se alargó 15 minutos más de lo habitual y llegó hasta las 12 de la noche. Luengo dice que podían haber seguido, pero prefirieron cerrarlo. «Consideramos que cada espectador debía sacar sus propias conclusiones. Nos dimos cuenta que era un momento de televisión excepcional, que requiere cosas distintas. Hoy cada panelista hará su evaluación, pero en ese momento era mejor cerrar así», asegura.
Con sus 7,4 puntos de rating promedio -tomando en cuenta los comerciales- y un peak de 9, en el equipo de «Tolerancia cero» ya visualizan esta edición como memorable. «No es mucho, pero la gracia es que demuestra que la audiencia de un programa no tiene que ver directamente con el impacto que genera», arguye Luengo.
Matías del Río, a su tiempo, visualiza un momento histórico y no sólo televisivamente hablando. «Va a marcar un antes y un después en un montón de cosas, por ejemplo, en las formas de expresarse, y en cómo enfrentar a las autoridades, que ya no lo sean sólo por ostentar un cargo, sino que tendrán que ganárselo. Va a fundar un momento muy clave», confía.
«Allíél cambió mucho. Sabía el efecto que iba a tener lo que había dicho. Empezó a recibir algunos llamados, pero no los contestó», cuenta Matías del Río.
Nada que ver con Claro y la radio KyotoAlberto Luengo, el editor del programa, se resiste a que igualen su joya televisiva con el recordado momento en que el fallecido empresario Ricardo Claro sacó la mítica radio Kyoto en medio del programa «A eso de» de su propio canal.
«No lo comparo con ese momento, que es un recuerdo negro de la televisión. Uno se daba cuenta en ese mismo instante que había una trama oscura detrás de todo eso», alega.
Por eso, Luengo cree que hay numerosas razones para separar aguas lo mayormente posible entre ambas piezas, aunque las dos hayan generado un impacto similar en la audiencia.
«Allí alguien había espiado: había llegado un cassette y era fácil darse cuenta que se trata de una historia sucia», puntualiza


