Mónica del Canto, su dueña, casi se desmayó cuando lo vio cuatro cuadras tierra adentro
La nave ahora es atractivo turístico. Todos quieren su foto con él. Dos grúas lo remolcarán.
Unas risitas cortas y agudas hay en el relato de Mónica del Canto. No las puede evitar. Son los nervios que aún no la dejan respirar tranquila. Motivos no le faltan: ella, junto a su hermana Valeria y el resto de su familia son los propietarios del «Don Renato», el barco que se ha convertido en la postal más famosa de la devastación de Talcahuano por el tsunami.
La embarcación estaba en el puerto, pero el mar la dejó a unas cuatro cuadras tierra adentro, en plena población Los Morros. En su carrera, la nave golpeó a una casa, giró y quedó varada al lado de una multicancha.
«Don Renato» quedó seriamente averiado en su casco, posiblemente también en su hélice, y se necesitan dos grúas para mover sus 70 toneladas. Mónica dice que hay seguros, pero que no cubrirán los millonarios daños. Además, todo funciona con extrema lentitud y con suerte la nave podría remolcarse la próxima semana. Mientras tanto, sigue siendo la postal obligada del maremoto y todos quieren su foto con él.
«Estamos mal porque al «Don Renato» lo tenemos desde hace años, lo compró mi papá y es la fuente de ingreso familiar», cuenta la dueña de 37 años.
Por la magnitud de la calamidad, la temporada de pesca del barco sardinero parece perdida. «Comenzaba el 20 de febrero, pero decidimos aplazarla hasta le 8 de marzo y dura solo tres meses. No creo que esté reparado en ese tiempo», agrega.
Ahora las esperanzas están puestas en «Capito», un barco similar que, aunque estaba anclado en el mismo lugar, no sucumbió a las olas y sus averías son menores.
No era broma
A Mónica el terremoto la sorprendió en su departamento de San Pedro de la Paz. No huyó porque estaba segura de que un posible tsunami no llegaría hasta su hogar y porque, simplemente, escuchó que la alerta de maremoto se había levantado. «Me acordé de los barcos, pero me tranquilicé con que no había peligro. Y como todo aquí estaba caótico por los saqueos, recién dos días después fui con mi hermana Valeria a ver los barcos», recuerda.
-Me imagino que casi se desmayó al ver dónde estaba, ¿no?
-Nos costó mucho llegar, porque estaba todo cortado. Y mientras caminaba rumbo al puerto, comencé a recibir mensajes en mi celular. Eran de otra hermana que desde Santiago me decía: «Don Renato está en la plaza». Pensé que era broma y le decía que no las hiciera, porque ya estaba muy nerviosa. Pero era cierto, el barco quedó en una calle, muy lejos del puerto. Aún no creo lo que pasó.
-¿Y qué hizo ahí?
-Fue tanta la impresión que no atinamos a nada. Había gente que lo miraba, pero no nos subimos a ver nada, por temor a que los demás también lo hicieran. Ahora, aún no nos reponemos, pero confiamos en operar con normalidad el próximo año.
-«Era cierto, el barco quedó en una calle, muy lejos del puerto. Aún no creo lo que pasó» Mónica del Canto, dueña
-Manuel Monjes, tripulante
«Han venido de la televisión canadiense y española»
Sentado frente al ladeado casco del «Don Renato», Manuel Monjes, encargado de las redes del barco, ya no se sorprende de la curiosidad que despierta la enorme nave varada en la población Los Morros.
«Estoy aburrido de que me saquen fotos», bromea el frustrado tripulante, quien junto a 10 compañeros estaba listo para salir a navegar días antes del sismo. Ya lo había hecho el año pasado y esta temporada se auguraba buena.
Está cesante. Mientras tanto, cuida el barco de los saqueadores, que ya se llevaron el sonar y la radio. Además, las oficia de improvisado guía turístico, rodeado de las máquinarias y cuadrillas de uniformados que limpian el desolado lugar.
«Han venido de la televisión canadiense y española a tomarle imágenes, somos internacionales», se jacta Manuel.
A los vecinos de Los Morros no les agrada el sardinero en su calle. «Llama mucho la atención, pero para nosotros no es ninguna gracia. A mi papá le pasó a llevar la casa y la botó», cuenta medio cabreado Marcelo Alvear, dirigente y que vive en una carpa, a pocos metros de lo que era su casa, y del famoso pesquero.


