Seis horas antes o seis horas después, la ola gigante habría sumado otros dos metros de altura.
Patricio Winckler es oceanógrafo de la Universidad Católica de Valparaíso, pero por estos días parece más un forense que investiga un asesinato múltiple. Junto a un grupo de investigadores de la Unesco se encuentra en Constitución, una de las escenas del crimen, para determinar cómo operó aquí el homicida, en este caso, el tsunami. Adelanta tres conclusiones:
Uno, que en Constitución se registraron cotas máximas de inundación de hasta 15 metros de altura, «preliminarmente, las más altas que hubo aquel día».
Dos, que el instante en que se produjo el tsunami coincidió justo con la marea más baja registrada aquel mes, «lo que fue una tremenda suerte, porque de haber sido en marea alta, unas seis horas antes o seis horas después, el desastre hubiese sido mucho mayor, dado que el tsunami habría sido hasta 1,9 metro más alto, que es la diferencia entre la marea alta y la baja».
Sin embargo, este factor de buena fortuna se transformó horas después en calamidad, debido a la tercera conclusión de Winckler: el tsunami fue asombrosamente largo. «En la comunidad siempre se habla de hasta cinco o seis olas separadas por 40 minutos una de otra, pero aquí se registraron efectos hasta diez horas después del terremoto. En ese lapso la marea volvió a subir lo que potenció el efecto de las olas que llegaron a las 11 o 12 horas del día, que es lo que ocurrió en Dichato».


