«Los turbazos afectan la intimidad y la seguridad del hogar y eso amerita el máximo reproche penal»

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Habla el fiscal que consiguió la primera condena por este delito

Una práctica imitada de otros países, que nació en saqueos grupales a tiendas comerciales, se expandió a casas y hoy amenaza la idea más básica de seguridad: dormir tranquilo en el propio hogar.

En pocos días, tres episodios pusieron a los turbazos en la mira de policías, investigadores y autoridades. Primero, la Fiscalía Occidente informó la detención de dos adolescentes extranjeros acusados de cinco robos de este tipo en Padre Hurtado y Peñaflor. Segundo, la madrugada de este martes en Cerrillos una familia enfrentó a una turba de encapuchados que fue repelida por vecinos. Tercero, y esto es un hecho inédito, el Segundo Tribunal Oral en lo Penal de Santiago dictó la primera condena en Chile contra una banda dedicada a esta modalidad: seis adultos y cuatro menores recibieron penas que, si se suman, dan un total de 160 años de cárcel.
Señal clara
El fiscal adjunto José Solís, a cargo de la investigación que terminó en sentencia, comentó esto último: «La relevancia jurídica -dijo- es que a los imputados adultos se les aplicó el máximo de la pena posible, que son 20 años, y a los 4 adolescentes también se les aplicó el máximo, que son 10 años». Para el persecutor es vital la captura y la condena porque «no solamente es un delito contra la propiedad; los turbazos afectan la intimidad y la seguridad del hogar. Eso amerita el máximo reproche penal».
Solís contó que la investigación se sustentó en rastros digitales. «Ellos compartían sus delitos a través de Instagram. Se sacaban fotos veinte o cuarenta minutos después de la comisión con la especie sustraída. Al obtener la foto original también de uno de los teléfonos de los imputados se pudo individualizar a los diez sujetos», especificó.
 
Una historia negra
El investigador del Centro de Estudios de Seguridad de la Universidad Central Diego Arancibia, recuerda que los turbazos -modalidad delictual en que un grupo entra violentamente en un domicilio y roba todo lo que puede en medio de la noche- aparecieron en Chile entre 2016 y 2017, «en locales comerciales, en tiendas de retail, donde entraba un grupo importante de gente y arrasaba con lo que encontraba».
«Lo preocupante», agrega, es que ahora pasaron a las casas y eso «es mucho más traumático».
Juan Ignacio Nicolossi, de la Universidad de los Andes, agrega que los delincuentes en Chile se inspiraron en una práctica internacional. «El turbazo lo hemos visto muy fuerte en Estados Unidos e Inglaterra, sobre todo tras la pandemia. Lo que no estábamos acostumbrados a ver era que se metieran seis o diez tipos dentro de la casa. El efecto material puede ser el mismo que un robo común, pero desde el punto de vista sicológico la afectación es muchísimo mayor», dice.
Quién y dónde
Para Diego Hernández, académico de la Usach, la novedad está en la geografía. «Se ha caracterizado por su perpetración en zonas aledañas, en la periferia de Santiago. No hay concentración en el sector oriente, sino que afecta a San Bernardo, Peñaflor o Talagante». Aunque jurídicamente se tipifica como robo con violencia, Hernández sostiene que su impacto mediático lo hace más sensible: «Ha tenido mayor presencia en este último tiempo, y eso genera más preocupación en la opinión pública».
El docente de la Universidad Del Desarrollo Hugo Contreras, explica la mutación: «La delincuencia se reinventa y busca vulnerabilidades del sistema». A su juicio, la irrupción en domicilios erosiona aún más la percepción de seguridad: «Ni siquiera en la propia vivienda la población se puede sentir segura», ese es el mensaje que dejan.
Las redes como escenario
Los expertos coinciden en que las plataformas digitales cumplen un rol decisivo. «Hoy el delincuente se jacta de los botines y busca estatus frente a otros», dice Arancibia. Nicolossi suma otro elemento: «Los jóvenes no solo roban por el botín, también buscan adrenalina y satisfacción secundaria al postear lo que se llevaron. Las redes sirven para jactarse, organizarse e incluso revender lo robado».
La Fiscalía también lo reconoce como un frente clave. «Tenemos que ser cuidadosos en cuanto a las técnicas investigativas, pero la aportación de antecedentes por parte de la comunidad resulta muchas veces más relevante que las actuaciones que se realizan a través de estos medios», señala Pastén, destacando la colaboración de vecinos y municipios en las pesquisas.
 
La respuesta del Estado

El delegado presidencial metropolitano, Gonzalo Durán, fue el encargado de parte del gobierno de dar cuenta de la preocupación. «El turbazo es de especial gravedad y conmoción», definió, asegurando que «se ha trabajado activamente en toda la región con el Ministerio Público, la PDI y los municipios. Queremos terminar con este delito que afecta tan gravemente a la población».

«Hoy el delincuente se jacta de los botines y busca estatus frente a otros», Diego Arancibia, Universidad Central

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