En Vecinos al límite Paula Pavic y Camilo Huerta andan en modo tortolitos.
Tengo un dato acerca de Camilo Huerta que es tan sencillo de rastrear que, por más inusual que sea, bien podría pasar inadvertido. Sus exparejas y la actual lo han sido también de tres de grandes ídolos deportivos.
Revisemos. Estuvo con Gianella Marengo, que años después se vinculó sentimentalmente con Marcelo Salas. Se casó con Marité Matus, ex de Arturo Vidal. Y ahora lo vemos muy acaramelado en «Vecinos al límite» de Canal 13 con Paula Pavic, que fuera esposa de Marcelo Ríos (el Chino contrajo nupcias tres veces en ocho años, todo un record).
Dicen que «el libretista de la farándula chilena» es un auténtico genio. Y esa entelequia la vuelve a demostrar porque no deja de llamar la atención y también de despertar una buena cuota de morbo que el conquistador de marras sea detestado públicamente desde hace un buen tiempo por el exmarido de Paula, el único número uno que hemos tenido en la historia del tenis mundial.
La tirria surgió cuando Camilo trató de acercarse a la hija de Ríos, Constanza, cuando ambos coincidieron como participantes de «El discípulo del chef», el 2021. Dos años después, comentando una foto del ex «Yingo» en Instagram, Marcelo recordó burlescamente ese frustrado avance y aprovechó de mofarse de su outfit, sugiriéndole a Vidal: «Arturito, préstale unos shorts de la selección».
Como sea, estamos ante una relación que se encuentra en las antípodas de la que sostienen Álvaro Ballero y Ludmila Ksenofontova en el reality de la competencia, «¿Volverías con tu ex? 2» de Mega.
El tándem chileno-ruso es un estresante carrusel de reproches por problemas que se arrastran hace mucho tiempo y heridas en el alma que no logran cicatrizar, lo que se traduce en frases cortantes y miradas hoscas.
Por su parte, la dupla Pavic-Huerta muestra los típicos indicios de un pololeo naciente. Se miran como si estuvieran contemplando la puesta de sol más sublime; se acarician mutua y repetidamente, como cerciorándose de que el otro es real y se abrazan como si se estuvieran despidiendo porque no se verán en un largo tiempo. En la desfasada transmisión todavía no empiezan los besos.
Me recuerdan a Mariana Marino y Sebastián Roca en «Mundos opuestos I» antes de la llegada de Pastorino. A Gonzalo Egas y Vicky Lissidini de «La granja» antes de que él la despertara con un baldazo de agua helada. Al tío Rene y Yessenia en «El secreto final» antes de que ella se pusiera a hacerle reanimación cardiopulmonar a Carlitos Run, «en señal de amistad», según aclaró.


