Proyecto ganó concurso en la Usach y les dieron 3.000.0000 de pesos para lanzarlo al mercado
Se trata de un muñeco que tiene peso adicional para ayudar a calmar a los chicos. Es una buena idea, valora doctor en psicología.

Un muñeco bautizado como Lucas es el punto de partida para el gran proyecto que tienen cinco alumnos de quinto año de la carrera Terapia Ocupacional en la Universidad de Santiago (Usach) para tratar a niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA).
Ellos crearon a este oso de peluche y lo presentaron en la décima versión del programa Despega Usach, que impulsa ideas con proyección de emprendimiento. Obtuvieron el primer lugar en la categoría impacto social, por lo que ganaron 3.000.000 de pesos para el desarrollo del producto y el apoyo de la Incubadora de Negocios Innova Usach.
¿Qué hace el oso Lucas? Para aclararlo, es necesario saber que en la terapia de algunas personas autistas se utilizan los chalecos sensoriales, también llamados chalecos de peso, que consisten en prendas con bolsillos donde los especialistas van agregando peso, dependiendo de las necesidades de cada paciente, para darle conciencia de su cuerpo, lo que los ayuda a calmarse en momentos de tensión.
El foco del peluche es reemplazar a este chaleco. «Nace de una historia familiar que tiene uno de los integrantes del grupo», explica Laura Bravo, una de las alumnas del equipo ganador.
«Su hermano es neurodivergente y tenía estas desregularizaciones emocionales. A él le recomendaron los chalecos de peso, pero no tenía el peso adecuado, era un modelo estándar y no cumplía la función, no se adaptó nunca», señala. «La mamá vio que su hijo tenía un vínculo muy importante con un peluche, y ahí le da la vuelta y decide ponerle peso al peluche», agrega.
«Lucas» fue el prototipo que construyeron para el concurso. La idea es que los terapeutas le pongan peso en los brazos, las piernas o en su interior, de acuerdo a las necesidades de cada persona autista que lo abrace para calmarse. «El niño o adulto podría tomarlo y se pone el peso sobre el pecho», señala la universitaria. «Estamos trabajando con un diseñador industrial para ver qué usar como peso. Puede ser cuarzo, semillas o arena, aún no lo decidimos concretamente», afirma.
Un tema fundamental es que cada muñeco sería personalizado, hecho a la medida de su dueño, ya que cada persona neurodivergente presenta rasgos particulares. «Estamos enfocados en que los niños puedan elegir la textura del peluche, si quieren algún olor, si hace algún sonido. Queremos que lo vean no sólo como un espacio de calma, sino que genere un vínculo», destaca Laura. «Este año esperamos sacar la primera línea de producción», comenta entusiasmada.
Validación
Alex Ortega, gerente de la Incubadora de Negocios Innova Usach, detalla por qué el proyecto salió tan bien evaluado en el programa.
«Pasaron por etapas de validación técnica, que son posibles clientes o usuarios. Ellos salieron muy bien evaluados por entidades del Estado, entidades de promoción de salud, otras de Educación Diferencial y por especialistas de Teletón, entre otros», asegura.
«Buscaron una manera creativa y sencilla de dar solución a un problema con un producto fácil de implementar, escalable y que resuelve de una manera original un problema con impacto social relevante», indica.
Buena idea
Emilio Sagredo, académico, investigador de Educación Diferencial de la Universidad San Sebastián (USS) y doctor en psicología, valora el proyecto de los universitarios.
«Las principales dificultades de las personas autistas son de integración sensorial. Puede haber una persona autista que tenga un discurso espectacular, pero sus dificultades son con el sonido, con las texturas, con tocar al otro, con la cercanía social», aclara.
Además, se relacionan muy bien con un objeto significativo. Ahí entra en juego «Lucas».
«El hecho de que sea un oso aporta a aquello, porque es un objeto específico. Por ejemplo, en la serie Doctor Milagro uno ve que el protagonista juega con un bisturí de plástico que le había regalado su hermano. Eso le da soporte afectivo y, entre otras cosas, le permite tocar algo. La estimulación sensorial sirve de modo psicoterapéutico y también para calmar a un individuo», sostiene.
«El osito es una buena alternativa porque tiene muchos estímulos sensoriales y permite ocupar el lugar de estos objetos transicionales. Es una buena idea», plantea.
«Si tuviera que hacer una crítica sería en función del tamaño. Algunos chalecos sensoriales pueden ser más invisibles, pueden ser utilizado debajo de la ropa, sin que sea tan evidente su uso en público como el juguete», opina, aunque advierte que depende de cada caso: «Existen tantos tipos de autistas como autistas hay en el mundo», afirma el académico.


