Hijo del recordado rockero dio el salto en hándbol y fichó por el Olympiakos griego
A Luciano no le gustaba el colegio, se aburría y encontró en el balon mano una vía de escape a los estudios, recordó el vocalista de Cinema.
Si fuera por los genes, Luciano Scaramelli debería haber terminado tocando en una banda como Álvaro, su padre, que a finales de este mes celebrará 40 años de carrera con un inédito reencuentro con Cinema, grupo con el que saltó a la fama. Pero el cuarto de los cinco hijos del recordado rockero nacional a los 12 años descubrió que el balonmano iba a ser su vida y hoy, a los 23, comprobó que no se equivocó en su apuesta. En septiembre pasado, el extremo derecho de la Roja de handbol fichó por el Olympiakos, el team más grande de Grecia, lo que espera sea el trampolín definitivo para su salto a un coloso de Europa.
«A Luciano no le gustaba el colegio, se aburría y encontró en el balonmano una vía de escape a los estudios», recordó el tecladista y voz del hit «Los locos rayados», que hace ocho años gastó los ahorros y envió a su hijo al Viejo Continente para que luchara por su sueño. «Estamos orgullosos de él, porque hizo de todo antes de que le empezaran a pagar su primer sueldo como jugador profesional», relató el compositor, que explica que gracias a sus antepasados genoveses Luciano cuenta con pasaporte europeo y se le ha hecho más fácil la estada.
«Me vine muy chico a Europa, tenía 15 años. Y mi papá tiene razón en que era muy inquieto y no me gustaba el colegio. Así que tuve la suerte que me acogió el Pato Martínez, que en el hándbol chileno es una leyenda, y me ayudó a partir en Hungría», contó por su parte Luciano Scaramelli, que antes de llegar a tierras helénicas hizo, literalmente, de todo y muchas veces «sufrí tratos inhumanos».
¿Es verdad que trabajó en lo que fuera para poder cumplir el sueño de ser handbolista?
«Es cierto. Además de que aprendí balonmano de nuevo, porque el nivel en Chile era muy bajo, también hice de todo para subsistir. Trabajé en Uber Eats, repartiendo comida, después también en una pizzería y hasta en una factoría de pescado. Camarero también fui y hasta reclutador de las calles».
¿Cuándo se dio cuenta de que iba a poder a vivir del balonmano?
«Cuando llegué a Italia. Pero antes de eso estuve en varios equipos de España, donde viví muy malos tratos. Estuve en un club de Mallorca, donde económicamente era muy limitado todo y fue todo muy amateur. En muchas ocasiones ni siquiera me respetaban y en otro equipo me estafaron».
¿Llegar a Olympiakos es como jugar la Champions, entonces?
«O sea, jugamos copas de Europa, pero de un nivel un poco más bajo. Pero sí, Olympiakos es un club que tiene ramas de todo, partiendo por el fútbol que es la más conocida. Y en hándbol partieron el 2016 y digamos que poseen el músculo para poder crecer y dedicarme profesionalmente con todas las comodidades».
¿Espera que este sea el trampolín para dar el salto final en Europa?
«En eso estoy. Me gustaría jugar en Francia o Alemania. Pero mientras estoy disfrutando de Grecia, que es un país como el sur de Italia y con gente bien desordenada. Y acá me las arreglo aprendiendo inglés y compartiendo con mi novia colombiana».
¿Oiga, y siendo un Scaramelli no sacó los genes musicales?
«O sea, toco guitarra y algo canto. La música también me acompañó en los momentos difíciles que pasé acá, cuando estaba solo y las cosas no se me daban. Pero estoy lejos de tocar como mi papá. En todo caso algo me tenía que quedar de tantos años viéndolo cantar y acompañándolo a todos lados, sobre todo cuando era chico y me llevaba a los lugares donde él cantaba».
¿Ve a su papá como una estrella del rock de Chile?
«Sí, algo así. Pero ahora lo veo con otros ojos. Gracias a mis papás pude llegar hasta acá para cumplir mi sueño y siempre voy a estar agradecido».


