Chupallita Fuentes desclasifica historias de la era Bielsa en la Selección
El ex zaguero de la Roja dice que se siente parte de la llamada Generación Dorada, aunque le duele no haber alcanzado los títulos que esta logró. Se produjo una renovación y yo quedé fuera, recuerda.
Hace poco más de tres años, cuando su hija Jacinta nació, Ismael Fuentes (42) tomó una decisión radical: se regaló un año sabático para encargarse personalmente de su crianza. Aprendió a cambiar pañales, a hacer la papa, a generar y mantener los horarios de Jacinta.
Chupalla Fuentes explica la razón: «Tengo dos hijos más grandes. Bastián, de 17 años, y Adanna, de 13. Siendo futbolista no tuve opciones de vivir tan intensamente el día a día con ellos. Además mi actual señora (Nicole Soto) tiene una casa de reposo para abuelitos y a mí se me hacía más fácil estar con la guagüita».
Fuentes hoy trabaja en su tierra natal, en Villa Alegre, y tiene una empresa de hielo que provee a los supermercados de la zona.
Usted se retiró joven del fútbol. ¿Por qué?
«Tuve que tomar la decisión porque tuve un problema en talón de Aquiles que se me hizo insoportable. Se me hacían tira los zapatos y después de cada partido me llenaba de antiinflamatorios. Preferí ser honesto conmigo y con la profesión y por eso en 2017, con 36 años, decidí retirarme en silencio, tal como llegué al fútbol».
¿Qué hizo ahí?
«Me vine a San Javier a trabajar en el campo. No me asustó dejar el fútbol y tuve la motivación para cambiar. Hice un Diplomado de Gestión de Marketing, trabajé como encargado del canal de deportes de la municipalidad y también estuve en Colbún haciendo algo similar. Estaba en eso cuando nació Jacinta y paré por un año».
¿No pensó seguir ligado al fútbol como entrenador o gerente deportivo?
«Si me motivo, no tengo problemas para inscribirme en Inaf a hacer los cursos. Las posibilidades son muchas y hay que saber aprovecharlas. El futbolista no tiene esa conciencia. Yo estuve en la elite y sé que ahí se le da todo al jugador y que por eso se deja estar. Pero no debe ser así. Más aún ahora que hay tantas posibilidades de estudiar on line. Es cosa de voluntad».
Usted llegó directamente del campo al fútbol profesional.
«Es que yo jugaba pichangas de chico en el campo y a los 17 años me llevaron a jugar a Linares, donde debuté. Fue en un partido en Arica. Estuve poquito porque me traspasaron a Rangers, que es donde me empezaron a decir Chupallita.
Cuente esa historia.
«Es que yo siempre llegaba a los entrenamientos en una camioneta y con mi chupalla de campo. Dos compañeros, Luis Guajardo y Luis Aravena, cada vez que me veían decían ahí viene el Chupallamóvil. Y quedé con el apodo para siempre».
Su carrera incluyó luego jugar en Colo Colo, en la UC, en México. ¿Qué momento atesora de esas estaciones?
«Sin duda haber jugado un Superclásico por Colo Colo. Somos todos colocolinos en la familia, así que fue un sueño jugar ese partido que, además, ganamos. Jugar en México también lo recuerdo siempre porque anduve bien pese a que es una liga dura. Creo que allá triunfé y eso lo atesoro».
Usted fue nominado permanente en la era de Marcelo Bielsa. ¿Cómo fue ese período?
«La verdad es que yo desde 2004 era considerado en la Selección. De hecho, estuve en la Copa América de eso año y también en la de 2007. Pero claro, lo del profe Bielsa fue distinto en todo».
Usted era un regalón de él.
«Jajajá, no sé si regalón, pero estuve en la Selección todo su período en Chile. Desde que llegó hasta que se fue».
¿Se siente parte de la llamada Generación Dorada?
«Sí, claro. Yo estuve todo el periodo con Bielsa. La Generación Dorada es un proceso y él es parte importante de él. Fundamental, diría yo».
Pero usted no estuvo cuando se obtuvieron los títulos de la Copa América. ¿Lo resiente?
«Claro que me hubiese gustado ser parte de eso, pero tras Bielsa llegó Claudio Borghi. Luego Jorge Sampaoli empezó una especie de renovación y yo quedé fuera. Fue el momento en que se integraron Chapa Fuenzalida, Charles Aránguiz, Eduardo Vargas. En fin, llegaron otros».
¿Qué recuerdo personal tiene con Marcelo Bielsa?
«La verdad el profe no era hablar mucho en forma individual. Sólo lo hacía al grupo».
Y si algún jugador quería o necesitaba consultarle algo, ¿cómo lo hacía?
«Vía Luis Bonini, que era como el curita al que uno le confesaba todo para que él se lo dijera a Bielsa. Por ejemplo, una vez que varios jugadores veníamos extenuados de fuera de Chile desde nuestros clubes queríamos pedir que no hubiera doble jornada de entrenamientos. Le dijimos al profe Bonini y él fue el que convenció, como cosa suya, de que era mejor trabajar ese día en una sola jornada. Bielsa accedió, aunque para él suspender un entrenamiento era una aberración. Para él era inexplicable que un jugador de elite no trabajara al máximo. Por eso le ha ido bien como entrenador. Pero hay cosas que la gente no sabe. Él también tenía momentos de mucha cercanía y emotividad. Yo lo viví en carne propia».
Cuente, cuente.
«En las eliminatorias al Mundial de Sudáfrica, como todos me recuerdan a cada rato, fui expulsado en Ecuador. Perdimos ese partido. Por cierto, Bielsa se enojó mucho conmigo. Me retó. Como me suspendieron para el siguiente partido eliminatorio, ante Argentina en Santiago, me volví a México. Vi el partido y el triunfo de Chile por la tele. Media hora después de terminado el encuentro, veo en mi celular que me llama un número desconocido. Contesto y era el profe Bielsa. Se escuchaban celebraciones en el camarín y el profe me dice: Isma, esto también es suyo. Celebre. Y cortó. Quedé helado».


