Cerró su segundo concierto en Santiago con Cucurrucucú Paloma
La española Paloma Cuevas lo acompañó en su gira. La noche del jueves se vio a la pareja en un restaurante de Vitacura.
Con dos conciertos agendados en Santiago, el viernes y este sábado, Luis Miguel fue el encargado de reinaugurar el Estadio Nacional para los conciertos en vivo. Lo hizo con el mismo exitoso show que presentó diez veces el año pasado en el Movistar Arena. Sus fans no se hicieron ningún problema y corearon con igual entusiasmo los éxitos del mexicano.
Anoche, el apodado Sol de México incluyó una versión rápida de «Cucurrucucú Paloma» a modo de segundo bis tras la presión del público que pedía su regreso al escenario. El tema no fue al azar, ya que está dedicado a su novia Paloma Cuevas, española que lo acompaña en este viaje a Chile y Sudamérica. De hecho, el jueves por la noche salieron juntos a cenar al restaurante Rubaiyat de Vitacura, momento que fue captado en los celulares de todos los comensales que estaban allí.
El año pasado, Luis Miguel cantó este tema mirando directamente a Cuevas en una versión a capella en una de sus presentaciones en Argentina, dejando claro para quién está dedicado. Este sábado en Santiago, en cambio, interpretó una versión más movida, que complementó con pasos a lo Elvis Presley.
Luis Miguel apareció en escena poco después de las 21 horas luciendo un excelente estado físico y vocal. De traje negro, atuendo que hizo recordar la teleserie «Machos», se movió por el escenario replicando su infaltable paso con la rodilla levantada y la cabeza gacha. También desplegó sugerentes sacudidas de cadera que desataron el chillido de una audiencia mayoritariamente femenina.
Los gritos llegaron a su punto máximo con la manipulación del dron que sobrevoló el público durante el concierto. Luis Miguel lo tomó con sus propias manos, se enfocó a sí mismo (mientras en las pantallas se reflejaba su cara en primer plano) y luego lo soltó provocando el delirio de sus seguidores. Fue uno de los pocos momentos de comunicación directa entre el artista y sus fans locales.
También hubo interacción con las pulseras que se les entregó a las personas a la entrada (y que luego debían devolver a la salida). El accesorio sirvió para iluminar coordinadamente los veinte temas, cinco medleys incluidos, que interpretó Luis Miguel, con una voz que recordó sus mejores tiempos y que hizo olvidar los resfríos y problemas de audio que lo han afectado en otras visitas.
Además de accesos y ubicaciones renovadas, los conciertos del azteca fueron los primeros en utilizar la Sala TEA, inaugurada para los Panamericanos 2023 y que está especialmente habilitada para gente del espectro autista.
El set list que presentó Luis Miguel fue un resumen de sus grandes éxitos, transformando en un karaoke masivo al Estadio Nacional, que entre ambas noches reunió a más de 80 mil asistentes. «Será que no me amas», «Amor, amor, amor» y «Suave» abrieron los fuegos.
A mitad del show, y tal como lo hizo en el Movistar Arena entre agosto y septiembre del año pasado, gracias a la tecnología el mexicano interpretó duetos con Michael Jackson («Sonríe») y Frank Sinatra («Come fly with me») mientras las imágenes de las estrellas fallecidas aparecían en las pantallas y sus voces en los parlantes.
Dos medleys trajeron de vuelta al Nacional hits como «Un hombre busca a una mujer», «Fría como el viento» o «Tengo todo excepto a ti». Tras un cambio de vestuario: camisa y pantalón negro muy entallados, Luis Miguel repasó parte de sus clásicos mexicanos, «La bikina» y «La media final».
Se despidió con los históricos «Palabra de honor medley» y «Oldies medley», incluyendo cortes de su etapa de oro, como «Isabel» y «Cuando calienta el sol». Luego de la insistencia de «¡otra!, ¡otra!», Luis Miguel volvió a escena con la canción para su novia, que lo miraba desde el backstage.


