Cinco lecciones deja la accidentada presentación de Javiera Contador.
Los angustiantes 36 minutos que duró la actuación de Javiera Contador anoche en la Quinta Vergara le regalaron a su gremio de comediantes cinco recomendaciones.
1.- El Monstruo es un perro. Huele el miedo. Eso se transmite. Javiera entró muy nerviosa y acelerada. Como la alumna que habla y habla, pero no le da a la comisión examinadora lo que esta espera de ella. Pasaba de un relato a otro sin que hubiera indicios de remates. O peor aún, sin que los remates preparados hicieran efecto alguno en la gente. Es como si hubiera querido bajarse luego del escenario.
2.- La clave del humor no es querer hacerse el gracioso, sino simplemente serlo; no tratar de agradar ni caer en el servilismo artístico. Plantarse de igual a igual contra 15.000 personas.
3.- Si no se avizora qué hacer para revertir la debacle, el autocolumpio, bien hecho, es un recurso infalible para que el trago sea menos amargo. «Si alguna vez me ven el próximo año. No aquí, obvio», dijo en un momento acuciante y sacó risas.
4.- La música oreja noventera es un gran remedio casero para disipar pifias. Lo demostró cuando intercaló clasicazos de Proyecto Uno y La Bouche.
5.- No aceptar que los animadores fuercen la gaviota de plata es otra salida digna. Bien ahí, Javi.


