El empresario entrenó 4 años con un excapitán del equipo italiano de Copa Davis
Asumió que no iba a ser profesional, pero llegó a llorar de impotencia en un torneo porque no le salían bien los tiros.
El empresario tiene experiencia a la hora de hablar de esta práctica: desde sus 16 y hasta los 20 años entrenó junto a Vittorio Crotta, quien fue capitán del equipo de Copa Davis italiano cuando jugaba Adriano Panatta y Paolo Bertolucci, entre otros. «Amo este deporte, me apasiona», asegura.
Por trabajo, el italiano asistirá a un partido de cuartos de final de Wimbledon y sueña con ver a su compatriota Jannik Sinner. Marocchino considera este torneo como «el más elegante» y viajó con outfits a la altura de la ocasión.
«A mí me gusta mucho el tema del código del vestuario y me parece fantástico que los jugadores deban usar blanco, porque se respeta algo muy antiguo. Como se ve, los tenistas hacen caso y lo importante no es la marca, es sólo darle importancia al deporte y no a los zapatos o camiseta nueva que estás usando», reflexiona.
En su caso, Marocchino define que asistirá «con corbata y me gusta mucho el tema de la chaqueta blanca, porque le da un toque interesante. También tengo la opción de un traje beige o color salmón, algo más clarito y de lino».
En este viaje, donde fue invitado por Stella Artois, tendrá una comida en el restaurante del chef Gordon Ramsay. «En total llevo unos nueve looks para tener distintas opciones», confiesa.
Rememorando su época adolescente en Ibrea (cerca de Torino), donde practicaba tenis de lunes a viernes durante tres horas, detalla que esas clases «me ayudaron un montón. Me enseñaron a focalizarme y a ser disciplinado».
«Entrené todos los días con Vittorio Crotta. A mis 16 comencé a subir de categoría, pero sabía que no tenía la posibilidad de dar el salto de calidad (a ser profesional) porque debí entrenar desde mucho antes, a los siete años», aclara.
A pesar de no proyectarse en serio, Marocchino siguió: «Mi entrenador me motivaba mucho y recuerdo una escena en particular. Estaba compitiendo en un torneo en Ibrea, terminó el primer set y yo no estaba jugando bien. Me fui al camarín y lloré de impotencia, porque no lograba que me salieran los golpes como en el entrenamiento. Ahí me fue a ver Vittorio y él también lloró. Me dijo qué lindo verte así, porque veo cómo te gusta este deporte. Él me apoyó mucho».
«Ahora observo a Rafael Nadal, que tiene esas costumbres de poner las botellas siempre igual, que se toca las orejas y recuerdo que cuando yo jugaba, colocaba dos pelotas en el bolsillo izquierdo del short y una del lado derecho. Y si jugaba bien, seguía todo el partido haciendo lo mismo. Yo entiendo a Nadal, porque la mente te hace ese juego», argumenta.


