Fue a almorzar con su señora y dejó su vehículo estacionado y encendido
Mi mujer me quedó mirando como pensando ¿lo reto ahora o después?, confesó el conductor de radio Concierto.
A casi todos los que manejan, alguna vez, se le han quedado encendidas las luces del auto, sobre todo en los más antiguos que no tenían alarma. Unos se percatan a tiempo del descuido y otros no. Pero Marco Silva (58) fue un paso más allá en la despistada, o quizás unos cientos de pasos.
Con su señora cumplieron 23 años de casados y el conductor de «Nada es tan grave» (7-10 horas) en radio Concierto, el viernes pasado, la invitó a comer a la viña Casas del Bosque, en Casablanca. Al llegar notó que había mucha gente en el lugar. «Justo había un evento de una marca de taladros, entonces estaba lleno de maestros. Había como un bingo o una rifa y todos saltaban y gritaban», cuenta Marco. La masividad de la actividad generó un problema colateral: «El estacionamiento estaba completo, entonces el auto quedó súper lejos y nos bajamos diciendo vamos a tener que caminar cualquier cantidad, qué lata, así que lo dejé y me bajé».
Después de comer y estar, más o menos, dos horas en el lugar, Marco y su señora se fueron y cuando se estaban acercando al auto, él notó algo. «Le dije a mi señora se me quedaron las luces encendidas, pero cuando llegamos al auto vi que estaba encendido. Mi mujer me quedó mirando como pensando ¿lo reto ahora o después?, pero como era el aniversario, lo único que hizo fue abrir la puerta y decir: está fresquito, porque se me quedó el aire acondicionado encendido».
Pero, ¿cómo se le quedó encendido?
«Es un Mazda CX-5 y tiene un botón para encender y apagar. Tiene una llave (que abre el cierre centralizado) y yo cuando me bajé tomé la llave, pero no apagué el motor. Como yo tenía la llave, si alguien hubiese intentado llevárselo, no habría podido».
¿Su señora tampoco lo notó?
«Ya iba caminando cuando yo me bajé del auto, iba como media cuadra más allá, así que me bajé rápido nomás».
¿Gastó mucha bencina con el olvido?
«No tanto. Gasté como el equivalente a 20 kilómetros (andando). Poco para dos horas y con aire acondicionado».
¿Usted es despistado?
«No, nada, cero, me pasó esta pura cosa y después mi señora me dijo: no es la primera vez que te pasa».
¿Cómo?
«Sí, ya me había pasado. Fuimos a un recital y lo dejé estacionado en un bandejón central. Me bajé muy campante y el estacionador me dijo: amigo, se le quedó prendido el auto. Y era un terreno de nadie, ahí me lo hubieran faenado».
La tercera es la vencida.
«Ojalá que no. Se me olvida lo del botón y eso que el auto lo tengo hace un par de años, pero estoy acostumbrado sólo a llevarme la llave. Debe ser la vejez también, no es culpa del auto».


