No descarta que su pololo, Maxime Beaumont, sea su próximo entrenador: Estamos viéndolo
Tras su desazón en Paris 2024, la canoísta saca cuentas alegres con su tercer título mundial en Uzbekistán.
María José Mailliard (33) pasa sus últimos días en Mallorca, España, donde reside desde hace tres años, antes de emprender su viaje a Chile para vacacionar. Fueron días felices para la canoísta que en Uzbekistán se proclamó campeona mundial en los 5.000 metros y subcampeona en los 1.500, conquistas que le devolvieron la alegría tras su mal paso por Paris 2024, Juegos a los que llegó con muchas expectativas, pero los resultados le fueron adversos: fue 12 entre 16 en C1 200 y en el dobles con Paula Gómez remataron duodécimas entre 14 equipos de C2 500.
Con esta brillante performance en Uzbekistán, Coté logró su tercera corona planetaria: en Copenhague 2021 fue primera en 500 y en Duisburgo 2023, en 1.000 metros, ambos con el bote individual (C1).
«Estoy aún de vacaciones, competí con diarreas, vómitos. Había varios con la guata mala. En Uzbekistán a la comida le ponen mucho aderezo y no estoy acostumbrada», cuenta Mailliard sobre las horas previas a su gran actuación en Samarkand, que albergó la competencia.
¿Por sus resultados, a usted le sienta mejor ser fondista que velocista?
«Es que empecé como nadadora de aguas abiertas y en piscina competía en carreras de mediofondo. El mediofondo es lo mío, donde me siento cómoda y puedo llevar mi cuerpo al límite. El 200 es una prueba muy rápida, que a pesar de que se me da bien, no es en la que me siento cómoda o que dé mi ciento por ciento».
Este Mundial, al haber sido tan cercano a los Juegos, no tuvo pruebas olímpicas.
«Sí, eso tuvo sus pro y sus contra. Había muchas deportistas que quedaron fuera de los Juegos y que se dedicaron de lleno a las distancias en que íbamos a competir, que eran las no olímpicas. Nosotros veníamos hace más de un año haciendo una preparación exclusiva para la distancia olímpica. Entonces, estuvo un poco más duro, sobre todo porque estaban dejando competir a los rusos y bielorrusos, y, en dos años que ellos están ahí, sin ningún tipo de controles antidopaje, uno no sabe al final».
¿Lo de Uzbekistán fue como sacarse la espina luego de París?
«Son cosas distintas. En los Juegos venía bien preparada. El 200 metros es una distancia muy rápida, que no tiene margen de error. Y yo cometí un error en la semifinal, donde me quedé pegada en la salida y me costó la carrera. Esas cosas no pueden pasar, me pilló lenta en ese momento, me ganaron dos personas que nunca me habían ganado y con eso se fue mi pase a la final A, teniendo todo para estar ahí».
¿Le dejó mucha rabia esa actuación?
«En la semana previa a los Juegos me dio lumbago y no estaba muy bien, pero antes de eso le estaba ganando a la española que quedó cuarta. Más que rabia es tristeza porque uno sabe todo lo que dejó de lado y todo lo que cuesta. Creía que era mi momento y me sentía fuerte».
¿Y cómo se proyecta para Los Angeles 2028?
«Para mí es un poco injusto que la distancia individual sea el 200 porque es como que te obligan a ser velocista y, fisiológicamente, hay gente que no lo es, donde me incluyo. Ya son dos Juegos con 200 metros y hace un tiempo se escucha que se viene un cambio con los 500 metros. Si hacen eso para Los Angeles me vendría como anillo al dedo y tendría muchas más posibilidades de hacer algo».
Cuando su pololo se retire, podría ser su entrenador. Maxime Beaumont fue medallista de plata en Río 2016.
«Él se va a retirar ahora y es entrenador también. Es una posibilidad, estamos viendo. Él tiene un equipo con deportistas paralímpicos que están ahora en los Juegos. Estuve entrenando con ellos en Francia hace poco. Tienen un nivel más o menos mejor que el mío, porque son hombres y son kayakistas. Fue súper agradable, pero tengo que evaluar bien, porque también es complicado mezclar la relación con el trabajo. Quizás se puede probar al principio y ver cómo funciona la cosa, pero quiero priorizar mi relación».
¿Usted cómo se define?
«Como una persona muy directa, siempre con la verdad por delante. Odio la mentira y soy muy perseguidora de mi sueño».
¿Y qué le quita el sueño?
«Quiero ser medallista olímpica, ese es mi sueño».


