La sensación femenina de la Cámara Baja
Sus ropas coloridas tienen que ver con la esperanza y con su lucha por superar el mayor dolor de su vida, explica.
Dos colores relucen en la oficina de la diputada Marta Isasi. El verde de su vestido (que combina con los ojos de la parlamentaria) y el rosa de su netbook. En el cambio de mando, en el primer día de la Cámara baja y en toda circunstancia la representante de Iquique resalta por su feliz vestimenta. «Me gusta la alegría. Estamos convertidos en una sociedad muy apática, muy triste», analiza ella, sonriente siempre.
«Los colores los elijo yo. Este mundo de la política es tan criticado que no viene mal dar una señal de alegría, pero sin caer en el extremo. Qué rico que notes un cambio de look, quiere decir que hay algo», añade ella. Isasi perdió hace tres años a su hija Divna, quien se suicidó. Eso marcó la vida de la parlamentaria. «Es un gran dolor que uno aprende a llevar, pero ella es como un angelito que me acompaña», afirma.
-¿Y sus colegas, cómo se ven? Yo las veo más bien grises.
-No sé, no puedo hablar por el resto.
-Algunas eran bien entretenidas para vestirse, ahora parecen señoras.
-Lo importante es que cuando eres elegido en cualquier cargo tienes que ser siempre la misma persona. Yo en mi distrito ando de jeans, me sigo subiendo al colectivo y eso jamás lo voy a perder. En el Congreso hay que preocuparse un poco el tema del taco, que se parezca más la cartera a la ropa, etcétera, pero transformarse no es bueno.
-Me habló de su angelito. ¿Cómo lleva esa pena?
-Llorando cuando hay que hacerlo, compartiendo el dolor y hablando de ella. Lo peor que uno puede hacer como madre es no hablar de Divna, por eso la recordamos con sus hermanas, sus salidas, reírnos de tallas que vivimos juntas y de repente abrazarnos y decir pucha que la echamos de menos.
-¿El color en su vida tiene que ver con ese dolor?
-Claro. Quiero rodearme de colores, energías positivas y de mucha oración. Leo la Biblia todos los días. En mis discursos terminamos hablando de la vida, siempre con Dios como centro.


