El ex Presidente fue internado el martes y ayer fue dado de alta
Dice que su marido como paciente es un pan de Dios, pero cuando mejora se pone inquieto.
Como toda pareja amorosa que se precie de tal, Martita Larraechea y Eduardo Frei se llaman por teléfono para contarse las nimiedades del día, pero el pasado martes dos llamados del senador a su compañera presagiaban que algo anormal acontecía. En la mañana, el hombre le advirtió a su mujer que llegaría tarde a casa. Después de almuerzo, el legislador DC se desdecía diciendo que llegaría más temprano. «Qué raro», pensó Martita.
Cuando caía la noche el legislador llegó a su casa, Martita quedó impactada. «Llegó muy, pero muy dolorido, estaba mal. Tenía el abdomen hinchado. Lo llevé a la Clínica Alemana y le descubrieron apendicitis», rememora -¿Apendicitis?, pero si el senador ya no es un niñito.
-Cuando lo llevaba a la clínica le pregunté si tenía apéndice. Él lo pensó y me dijo creo que no . Ya ni se acordaba. El otro día nos llamó Ricardo Lagos padre y me decía pero qué cosa más extraña . Es divertido, je.
-En Twitter usted dijo que Eduardo en la clínica se veía «lindo». Aún no comprendo.
-Es que está con el pelo suelto, te fijas, con el pelo lavado así nomás. Su carita descansada, más al natural. Regio, oiga. Aunque ahora le digo que tendré que jugar al gato con él, tiene varios eventos en el cuerpo.
-Mejor vamos a lo médico. ¿Cómo se alimenta su marido?
-Eduardo no es una persona que coma pesado y ni toma aperitivos. Eso sí, no hay nadie más dulcero que él. Si lo primero que pregunta es qué hay de postre, después pregunta por la comida. Pero me gusta porque los dulceros son buenos maridos.
-¡¿Qué?!
-Lo he ido viendo a través de la vida. Todos las personas que les gusta el dulce son buenos esposos, excelentes parejas, ¿qué me dices?
-Mmmm, ¿es muy mañoso como enfermo?
-No, al principio es un pan de Dios, pero a medida que va mejorando, se pone inquieto y que quiere hacer esto y lo otro. Igual debe ser difícil para él. Cuando lo conocí e íbamos a ver a alguien a un hospital, en el ascensor le venía fatiga. Si cuando yo tenía guagua él se desmayaba, imagínate. Las matronas preguntaban ¿ya se desmayó don Eduardo? , jajá.


