Andrés Rivera, de 69 años, murió atropellado en Puente Alto
Partió de una manera abrupta e injusta. No tuvimos una relación fácil, escribió la bailarina. Sicólogo explica la importancia del perdón.
La noticia de la muerte de Andrés Rivera, a los 69 años, ha estado marcada no sólo por la tragedia del accidente que le quitó la vida en Puente Alto. También por el conmovedor mensaje que su hija, la bailarina Maura Rivera, compartió en redes sociales en el cual manifestó un gesto íntimo: el perdón hacia su padre, con quien no siempre mantuvo una relación fluida.
«Es muy difícil para mí crear este post, pero él (Andrés) fue mi papá, quien me dio la vida y de quien estaré eternamente agradecida por eso. Partió de una manera abrupta e injusta. No tuvimos una relación fácil, marcada con altos y bajos. Sé que nadie te enseñó a ser papá, pero te perdono y te perdoné, viejo, sin rencores. Que tu alma se eleve y descanses en paz», redactó Maura.
Al momento del adiós, agregó: «Buen viaje a la eternidad. Hicimos lo posible y me quedo con los mejores recuerdos por siempre en mi mente y en mi corazón».
Junto a las palabras añadió diez fotografías que, como un álbum familiar, recuerdan momentos felices.
Algunos famosos respondieron: «Un gran abrazo, querida Maura», escribió Martín Cárcamo; «amiga querida, aquí estoy para acompañarte en lo que necesites», redactó la cantante Daniela Castillo.
Significados
Las palabras de Maura Rivera no sólo reflejan el duelo, sino también la complejidad de los vínculos familiares.
El sicólogo clínico Edmundo Campusano explicó que el perdón entre padres e hijos se conecta con un proceso más amplio de comprensión y exoneración.
«El núcleo emocional fundamental donde los individuos crean su sentido de identidad es la familia. Allí se desarrolla lo sicológico, lo afectivo y lo social», señaló. Según el especialista, los padres no siempre cumplen de manera ideal ese rol de sostén. Factores como la inmadurez, dificultades económicas, enfermedades o problemas emocionales marcan la forma en que crían.
En ese contexto, Campusano propuso el concepto de exoneración: «Significa entender las condiciones vitales, sociales y familiares que atravesaron los padres, lo que permite a los hijos contextualizar en vez de quedarse atrapados en el enjuiciamiento del pasado».
El sicólogo enfatizó que perdonar no borra lo ocurrido, pero sí otorga un nuevo sentido a la historia, alivianando las cargas emocionales.
También advirtió que los daños más profundos no provienen de hechos aislados, sino de aquellos patrones dolorosos que se repiten en el tiempo, como la violencia o la invisibilización afectiva. Sin embargo, añadió que siempre existe la posibilidad de resignificar lo vivido: «La historia de vida no es solo lo que ocurrió, también es cómo decidimos contarla».




