La propiedad puede recibir a 15 personas y ya se reservó para Año Nuevo
En temporada baja el precio es de $1.100.000 diarios. Está prohibido fumar, hacer fiestas y los pasajeros deben tener al menos 25 años.
La mansión que Mark González y Maura Rivera poseen en Recreo, Viña del Mar, se puso en arriendo a través de Airbnb. La noche cuesta $1.100.000 en temporada baja y el reciente fin de semana largo tuvo sus primeros alojados.
Con una espectacular vista a la bahía, la casona consta de 800 metros construidos y 1.576 de terreno. Está en venta desde agosto de 2024, pero como aún no aparece quien pague las 66.000 UF que cuesta, sus dueños idearon formas de obtener ganancias mientras tanto.
«La casa sigue en venta, pero claramente no es fácil de vender. Lo bueno es que no tenemos apuro. La propiedad sigue como centro de eventos, se organizan matrimonios y otras actividades durante el día. La gente siempre nos pedía estadía, pero no es hotel», comenta Maura Rivera desde Estados Unidos.
Para ella y su marido, la casa es un espacio íntimo. El futbolista la compró en 2005, ahí celebraron su matrimonio civil y pasaron muchas vacaciones familiares. Además, fue locación de la teleserie de Canal 13 «Cerro Alegre».
«Fue a petición de la gente. La arrendamos por día para que disfruten de la experiencia, la vista y el verano», menciona la propietaria.
La casona se arrienda con capacidad para 15 personas. Dispone de cinco habitaciones (ocho camas) y tres baños completos y uno simple. Tiene quincho cerrado, terraza, piscina climatizada, sala de juego con mesa de pool, juegos arcade y de mesa.
Maura, ¿qué fecha fue la primera que se reservó?
«La de Año Nuevo. Lanzamos hace poco el arriendo por día y esa fue la primera fecha, justo la más cara ($2.000.000 la noche y el grupo se queda entre el 28 de diciembre y el 3 de enero). Y ya se arrendó este fin de semana que pasó, se alojó un grupo de 11 personas».
La exfigura televisiva y ahora empresaria relata que la casa estaba alhajada para la familia y como centro de eventos, por lo que se invirtió tiempo y dinero en dejarla lista para hospedaje.
«Fueron dos meses de reestructuración e inversión, arreglos, pintura y compras para dejarla impecable. Había que hacer arreglos en ciertas puertas, restauramos la cocina y pintamos el quincho. Es una casa tan tan grande que había que resolver muchos detalles para dejarla impecable», detalla.
¿Sacaron todas las cosas familiares?
«Las camas y todo eso se queda, pero la esencia de la casa también. Están la mesa de pool, el living, el comedor, el quincho, todo igual. Nuestras cosas personales obviamente se sacaron y se compró todo nuevo, las sábanas, los cubrecama y las toallas».
Con garantía
El arriendo por día de esta propiedad cuesta $1.100.000 la noche en temporada baja y $1.700.000 en febrero, para temporada alta.
El arriendo es por día, pero con un mínimo de dos noches, cuenta Eduardo Quevedo, gerente general y socio de Redibuk, la empresa de gestión de arriendos temporales que tiene a cargo la casona.
«En Viña del Mar no vas a encontrar ninguna casa que tenga esta capacidad y espacio, quizás en la zona de Zapallar. Tiene un patio grande para jugar una pichanga y habitaciones grandes. Hay dormitorios que tienen dos camas matrimoniales o baño con jacuzzi. El estacionamiento tiene capacidad para ocho o diez autos», menciona.
¿Hay reglas para arrendar la casona, Eduardo?
«Lo mínimo es tener 25 años o más, no se puede fumar adentro de la casa y no están permitidas las despedidas de soltero. Si los huéspedes se portan mal o hacen algún destrozo, como quemar un sofá o una alfombra, aplicamos una multa que puede llegar a una noche de arriendo. La descontamos directamente de la tarjeta de crédito que se usa para arrendar».
¿Tienen vigilancia en la casa?
«No, pero la casa se devuelve tal como se entrega, revisamos que esté todo impecable. Se entiende que se pueda ensuciar la alfombra, pero la idea es que no hagan destrozos ni fiestas porque se está en un barrio residencial».
¿Se puede invitar a alguien?
«Se puede. Si quienes se hospedan quieren invitar a los papás a comer, por ejemplo, no hay problema en que vayan de visita».




