Eileen Shea padece de retinitis pigmentosa
Es hora de usar bastón y ya. Para qué hacer tanto drama, dice la gringa chistosa que en los 90 la rompía con sus rutinas.
En los 90 era número fijo en programas como «Martes 13» y «Viva el lunes». Eileen Shea, la comediante canadiense que todos llamaban «la gringa chistosa», hacía reír hasta al público más exigente haciendo una parodia de su vida y burlándose de la idiosincrasia del chileno.
Y esa sigue siendo su pasión. Claro que ahora se toma los escenarios encarnando a una terapeuta sexual de la tercera edad y haciendo stand up comedy. Claro que precisamente los escenarios no le han jugado una buena pasada. «Me he caído tres veces del escenario, estoy quedando ciega. En la etapa terminal de una enfermedad hereditaria que no tiene cura y que, poco a poco, me ha ido quitando la vista, dejándome ciega», cuenta sin dramatizar sobre la retinitis pigmentosa que padece y que explica «es cuando muere la retina de afuera hacia adentro». El jueves apareció en «Sin dios ni late» contándole su experiencia a JC Rodríguez.
Ahora explica que «cada vez que mis amigos vienen a verme lo primero que me preguntan es cómo estoy. Como si fuera algo alarmante y, sí es grave, porque ahora no puedo ver, pero tengo la política de no amargarme por las cosas que no puedo cambiar. Soy bien gringa para mis cosas».
-¿Hace cuánto tiempo que estás con esto, Eileen?
-No tiene el mismo ritmo en los pacientes. Hace 6 o 7 años yo ya no podía leer. Y ahora ya no veo. Es hora de usar bastón y ya. Para qué hacer tanto drama.
-¿Pero cómo lees, por ejemplo, los libretos de tus shows?
-Si me mandan algo por e-mail lo pego en Word y aumento el tamaño de la letra a 36 o 48. Además la tecnología me ha permitido conocer herramientas como un programa que lee todo en voz alta. Escaneo lo que me interesa y listo. Me he acostumbrado a los libros de audio también, aunque no hay como sentarse en un café a leer. Pero bueno…
Shea, casada con un chileno hace 33 años, cuenta además que esto no afectará a sus tres hijos: «Los dos primeros son de mi marido y la tercera es adoptada, así es que, gracias a Dios, no correrán mi misma suerte», concluye.


