La relación entre Álvaro Ballero y Ludmila Ksenofontova me parte el alma.
Cuando mis sobrinos de Viña eran más pequeños se reían mucho cada vez que recordaban una frase que alguna vez escribí en esta columna. Era: «Si un día ves pasar a Álvaro Ballero, pide un deseo: es una estrella fugaz».
Eran los meses posteriores al término de «Protagonistas de la fama», el primer reality de la televisión chilena («Refugio Mekano», que hasta el día de hoy reclama esa condición, fue más bien una humorada).
A la sazón el blondo ganador des-animaba con Vivi Kreutzberger en el 13 y aquello no estaba contribuyendo a consolidarlo en el medio precisamente.
Se esfumaban las grandes expectativas que había generado su irrupción en la pantalla chica. Hace 23 años el fenómeno Ballero prometía una rebeldía y una atractiva insolencia pocas veces vista en la pantalla chica.
Luego de eso tuvo una criticada participación como presentador de «Gran Hermano del Pacífico», reality transnacional cuyos pormenores eran cubiertos por La Red.
Después, nada con la TV hasta el 2008, cuando entró a «Estrellas en el hielo» de TVN y conoció a su esposa, Ludmila Ksenofontova.
Hoy lo vemos en «¿Volverías con tu ex 2?». Todavía, porque dicen que abandonó ese reality. Y la postal es siempre la misma, igual de deprimente: él acostado, mirando al techo, con sus brazos cruzados o bien sus manos sobre su abdomen; a su lado en la cama la patinadora rusa, la madre de sus cuatro hijos, esperando que él se digne a dirigirle la palabra o al menos una mirada (de caricias, ni hablar). La escena termina invariablemente con ella durmiéndose. Cediendo ante el sueño, sucumbiendo ante el tedio. O el desamor (suelen ser sinónimos).
¿Qué pretende él con esta actitud? ¿Está acaso meditando? ¿Craneando cómo conquistarla? ¿Pensará «la tengo loca»?
¿Pensará «esto me recuerda como estábamos en casa. Qué bonito»? No se descarta.
No hagan esto en casa, hombres. Cada día es una oportunidad para enamorar a tu pareja. No para enamorarla más. Eso no existe. A Cupido no se le pone en engorda. No es como la UF.
Para volver a enamorarla. Cada día se nos mueren células y son reemplazadas por otras. Lo mismo pasa con el amor.
La canción de Alejandro Fernández lo dice: «Me dediqué a perderte y me ausenté en momentos que se han ido para siempre. Me dediqué a no verte y me encerré en mi mundo y no pudiste detenerme».
Si esto lo estás leyendo fuera del encierro, Álvaro, no solo interpretes la canción, pégate el alcachofazo de lo que grita la letra. Ella te ama. Yeah yeah yeah.


