Rubén Martínez disfruta a concho como protagonista de la Gira Centenario de Colo Colo
El trigoleador del fútbol chileno reconoce haberse recluido por varios años, pero que su familia lo instó a volver a tener presencia pública. Mi esposa me alentó. También mis hijos, en especial Catalina que sólo me había visto jugar en Youtube, dice Martínez.
Rubén Martínez (60) cumplió ya 38 años de casado con Maylín Herrera y dice que ella, que lo acompaña desde que jugaba en Cobresal, en el campamento de El Salvador, fue la que lo incentivó a irse a vivir a la comuna de Maule, en la Séptima Región, en una parcela entre Talca y San Javier.
«Cuando me retiré del fútbol, con mi título de entrenador en la mano, empecé a trabajar en escuelas de niños, en Maipú», cuenta quien exhibe el galardón de trigoleador del fútbol chileno. «Como vivíamos en La Cañada, en La Florida, me demoraba hora y media de ida y de vuelta. Una locura. Un día fuimos a la casa de mi cuñado en Maule y quedamos enamorados del lugar. Y con Maylín lo hablamos y lo decidimos de una: nos compramos un terreno. Fue en 2008. Fue la mejor determinación que pudimos tomar. Nadie se imagina lo que es escuchar todos los días a los pajaritos, poder ir a pescar a muchas partes, ver conejos corriendo, sembrar ají, tomates y plantar membrillos o cortar uno mismo el pasto».
¿Toda la familia se acostumbró a tanta tranquilidad campestre?
«Claro, mis hijos se quedaron acá incluso ya casados. Nicolás vive en Talca y tiene una empresa de transportes; Natalia es cirujano dentista y también vive cerca de nosotros; y Catalina, que es la más chica, está con nosotros estudiando Ingeniería en Control de Gestión. Y más encima, tengo a mis dos nietas cerca: Dominga Amaral (5) hija del Nico, y Agustina Ignacia (un año y cuatro meses), hija de Natalia. Me falta el varoncito para que todo sea perfecto, jajajá».
Esta forma de vida lo alejó de la vida pública. Por mucho tiempo, ni siquiera se sabía de usted.
«Fue por decisión propia. Pasé el terremoto de 2010 acá y aunque gracias a Dios no sufrí graves daños, había que participar de alguna manera en el proceso de reconstrucción, porque esta zona fue de las más afectadas».
¿No echó de menos mejores oportunidades en su carrera como entrenador?
«Obviamente uno sabe que Santiago es Chile para todo, pero yo privilegié tener una vida de familia. Me gusta almorzar y cenar con mi señora y alguno de mis hijos. Y pude hacerlo acá, trabajando en municipalidades y siendo entrenador en Tercera B y Tercera A ,con Independiente de Cauquenes y Constitución Unido. Y también de la Segunda División Profesional. Ya hice de todo y no estoy frustrado».
¿No le seduce volver a sentarse en una banca? ¿Dirigir en divisiones mayores?
«Sólo analizaría volver a dirigir si tengo alguna propuesta de Primera B o de Primera División. De no ser así, prefiero quedarme en el campo».
¿El fútbol sigue siendo igual que cuando usted jugaba?
«Ha cambiado en una sola cosa: el foco de los jóvenes. Hoy la mayoría quiere tener el auto de Arturo Vidal pero no juegan ni trabajan como lo hace él».
¿Qué lo hizo volver a la luz pública? ¿Qué lo sedujo de sumarse a la Gira Centenario de Colo Colo?
«El año pasado la productora de la Gira y gente del Club Social se me acercó para decirme que me querían integrar en algunos partidos. Le di vueltas al tema, lo conversé con Maylín y ella me alentó. También mis hijos, en especial Catalina que sólo me había visto jugar en Youtube. Ella se ofreció incluso a mostrarme en las redes sociales así que le dimos para adelante».
¿Ha sido una buena experiencia?
«Fantástica, la verdad. Los hinchas han sido muy cariñosos conmigo. Padres y abuelos se me acercan con niños chicos y ellos les cuentan que este viejito que ya está pelado fue trigoleador del fútbol chileno y que ganó la Copa Libertadores».
¿Sabía que era ídolo del club?
«No. Pensaba que era recordado por ser goleador, pero me di cuenta de que para los hinchas soy más que un tipo que hizo goles. He sentido que soy alguien importante para el club».
Usted es de los mayores, ¿cómo ha sido la relación con las generaciones más jóvenes del equipo?
«Súper buena. Yo a algunos los conocí de cabros chicos o, más bien, ellos me cuentan que se acercaron a mí cuando ellos estaban en las inferiores, como Riffo, Tapia y Neira. A otros sólo los conocía de verlos jugar en la tele como a Gonzalo Fierro, el Kalule o el Pajarito Váldés y a los cuales les llevo más de 20 años. Todos súper buena onda y lo pasamos de lujo en los viajes y en los terceros tiempos. Vuelan las tallas».
Cero respeto por los galones.
«Jajajá, no, no hay problemas. Yo siento ese respeto. Fíjese que en San Fernando entré solo un par de minutos y Eduardo Lobos me dio la cinta de capitán. Eso lo vi como signo de respeto».
¿Se imagina haber jugado con alguno de ellos en su mejor momento?
«Uuufff, claro. Antes de esta gira me imaginaba cómo hubiera andado con el Mago Valdivia, filtrándome pelotas. Ahora sumo al Kalule, a Riffo, al Pajarito y en especial a Manolito Neira. Me hubiese encantado hacer dupla con él. Nos hubiésemos cansado de hacer goles».


