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Autor de la Foto: CHILEVISION
Título/Pie de foto: Dice haber quedado choqueado con el video de la persecución.
Francisco Barrios, hermano del joven baleado en la Autopista Central
No desconoce el actuar de su hermano, que terminaba octavo básico en un centro del Sename.
Arturo Galarce
La mañana del 3 de diciembre el hermano de Francisco Barrios Montero murió al interior de una camioneta robada. Dos motociclistas de la 36 Comisaría de La Florida iniciaron la persecución en la calle Punta Arenas, al percatarse que la Hyundai Tucson que conducía el hermano de 17 años de Francisco tenía encargo por robo.
Le ordenaron que se detuviera, pero el joven no hizo caso, impactando una moto de uno de los carabineros, antes de que uno de los funcionarios decidiera dispararle para evitar otro accidente. Fueron ocho tiros. Uno de ellos le dio en la cabeza -según el artículo 411 del Código de Justicia Militar, Carabineros no requiere autorización para disparar contra el «preso o detenido que huya y no obedezca las intimaciones de detenerse». Eso sí, Tribunales deberá determinar la necesidad racional del uso del arma-.
Es ayer por la noche y se ve a Francisco Barrios caminando por un parque, mientras concede una entrevista a un periodista de Chilevisión. La nota es emitida por el noticiero central de ese canal, mientras Francisco relata la posición de la familia sobre la muerte de su hermano.
De sus palabras se conoce la historia del joven, el penúltimo de siete hermanos, criado por una vecina que se hizo cargo de él en San Bernardo, que creció en un entorno vulnerable y que recién a sus 17 años terminaba octavo básico en un centro del Sename donde, además, recibía asistencia por sus delitos anteriores. «Quedé choqueado, fue un impacto grande. Obviamente para cualquier familia que ha pasado por esto es fuerte. Demasiado fuerte la imagen», dice Francisco. «Yo la vi y no aguanté más… el llanto».
Luego dice: «Estamos conscientes del robo, del delito. Me habría gustado haberlo visto preso, en un proceso. Pero muerto, eso no es lo que esperábamos. Yo como hermano lo extraño demasiado, igual como lo extrañan sus otros hermanos, su mamá, su papá y sus padres tutores. Hemos consultado por todos lados y creemos que el procedimiento no es el adecuado. Cuando lo encañonaron podrían haber reventado los vidrios, y haberlo bajado. No era necesario matarlo. O podrían haberle disparado a los neumáticos… Él no era un delincuente, no era un traficante, no era un asesino, no usaba armamento… Yo mismo voy a seguir acciones legales».


