Nueva pega de Juvenal Olmos lo motivó a capacitarse para dar charlas
El ex entrenador de la Roja aprendió a hablar de sus éxitos y sus fracasos con total naturalidad.
Saca las cuentas Juvenal Olmos y dice que su carrera como entrenador profesional se concentró en sólo seis años: dos en Unión Española, dos en Universidad Católica y dos en la Selección. «Lo que pasó después no lo cuento. Dirigir Everton, Newells (Argentina) y Tiburones Rojos (México) fue un error de mi parte. No estaba en condiciones anímicas para hacerlo», reconoce.
Esa experiencia, en todo caso, Olmos quiere transformarla en un activo para una nueva labor que está desarrollando: charlas motivacionales en empresas, colegios y universidades. «El año pasado me empezaron a invitar a estos diálogos y me gustó harto. Sentí como que me conecté con la gente. Por eso preparé material audiovisual como soporte y ahora me inscribí en un curso para desarrollar bien mi capacidad de oratoria», señala.
¿De qué habla en esas charlas?
«De mis triunfos y de mis fracasos, que es como viví mi experiencia como entrenador. Y, cuando hablo de ellas, como que actúo para que la gente que me escucha y ve sienta lo que yo sentía cuando tomé una decisión u otra».
Sin duda que su experiencia en la Roja, que terminó siendo dura para usted, debe ser primordial en las charlas.
«Claro, yo acerté y me equivoqué. Y claro, hablo de las que le apunté (ríe), como ese empate 2-2 ante Argentina en Buenos Aires en el comienzo de las eliminatorias».
Ese empate con el equipo argentino dirigido por Marcelo Bielsa uno lo recuerda más bien como un milagro.
«Pero es que no fue un milagro. Se dio por varias decisiones que tomé para ese partido. Lo primero que hice fue pensar cómo podía parar las subidas de los laterales-volantes que Bielsa iba a poner: Zanetti y el Kily González.
Llamé a todos los entrenadores de los clubes chilenos para que me dijeran quiénes eran para ellos los indicados y tras eso elegí: Fernando Martel para ir con el Kily y Mark González con Zanetti. Sabía que con ellos marcando perdería opciones de ataque, pero primero había que anular a los rivales».
¿Cómo siguió el diseño del equipo?
«Fui pensando uno a uno en los rivales que tendría y las mejores opciones de anulación. Me acuerdo que, cuando cerré el equipo, me fui a comer un churrasco a un local. Estaba en eso cuando me dio la sensación de que había elegido 12 jugadores. Me desesperé, pagué y me fui para ver mi pizarra. Y sí, había hecho un equipo con 12 jugadores».
En ese primer tiempo ante Argentina, Chile estaba 2-0 abajo.
«Es que mis jugadores parecían estacas. Cuando llegué al camarín en el entretiempo, uno a uno los subí y los bajé.
Les dije que si no cambiaban de actitud no los llamaría más a la Selección. Que en los 10 primeros minutos del segundo tiempo tenían que ir a los pechazos con lo rivales para hacerles sentir que estaban con otro ánimo. Los jugadores entraron como leones. En mis charlas cuento la trascendencia que tuvo mi PF, Marcelo Oyarzún, en ese empate».
¿Qué hizo?
«Cuando marcó el gol Mirosevic, mandé a Marcelo a gritarlo a la banca de Argentina. Encaró a Luis Bonini y se dijeron de todo. Desde ahí, ellos cayeron en los gritos, en la desesperación. Y nosotros terminamos empatando cuando nadie creía».


