¡Me quedo con la señora de la feria!

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Cuando ayer por la mañana vi en «Buenos días a todos» a Raquel Argandoña empuñar, como un verdadero trofeo de guerra, un micrófono con las inequívocas y coloridas letras «PP» distintivas de «Primer plano», lo primero que pensé es que no había despertado del todo. Que me estaba pasando la cuenta haberme quedado hasta tarde la noche anterior viendo esa maravilla llamada «El eterno resplandor de una mente sin recuerdos».

Descartado aquello, contemplé seriamente la posibilidad de estar siendo objeto de una alucinación. Pero tampoco: la última vez que pasó eso fue hace una porrada de años, producto del choque frontal entre tres factores: un amigo enfermizamente bromista, mi desaforada inocencia y una montañita de detergente en polvo, colocada por el destino sobre el estanque de mi excusado.

U na vez que confirmé que mis sentidos no me traicionaban y que lo que mostraba la pantalla de mi televisor era la pura y sicodélica verdad, empecé a prestar atención a los dichos de esta manilarga señora, que ya una vez fue acusada de quedarse con los muebles de la Municipalidad de Pelarco.

Su versión de los hechos (que incluye carterazos y una bofetada, además de la flagrante pelada del implemento laboral del colega) iba en dirección totalmente contraria de lo que mostró el video probatorio de «Primer plano». En situaciones como ésta sólo queda una salida: o confiamos en lo que nos dicen el audio y las imágenes o le creemos a rajatabla a Raquel y damos por ciertas las barbaridades que le dijo el vapuleado notero (César Barrera).

Al decir de la opinóloga de TVN, fue embestida por Barrera con «preguntas indecentes e indebidas», todas tendientes a que aclarara urgentemente de cuál de todas sus parejas sexuales guardaba mejores recuerdos. Esto, en presencia de su impactado hijo de 12 años, Hernancito. Y saliendo de la avant premiere de «Harry Potter».

Todo un Voldemort sería este chico de «Primer plano» si en eso hubiera consistido su brutal acercamiento a la divasauria.

Bueno, pero es normal que toda persona sorprendida en un acto no favorable a su imagen exagere las circunstancias de que pudo ser víctima con el fin de sembrar de atenuantes su falta.

Lo realmente feo es que se use con tanto descaro a los hijos propios para justificar los desmadres que como adultos ya deberíamos tener controladitos.

Pamela Díaz deshonró a otra mujer sólo porque ella había mencionado a sus hijos. Y ahora Raquel Argandoña deja como membrillo de colegial a un periodista aduciendo que traumatizó a su cabro chico y más encima, dice que preferiría «vender en la feria» antes de trabajar en CHV. ¿Qué tiene contra la gente que trabaja ahí?

Bueno, lo que es yo ahora me voy justamente a la feria. No tienen tomates de probeta y ahí al menos no corro el riesgo de que alguien me vaya a birlar el sombrero o las gafas oscuras y salga apretando cachete. Pura gente decente mis caseritas.

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