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Autor de la Foto: RUBÉN GARCIA
Título/Pie de foto: Hanna, la chica del grupo, no quiso salir en la foto.
Abrupto término de gira chilena tuvo un sabroso final
Con bistec a lo pobre y lomo salteado los Nargaroth pasaron el mal rato.
Luis Gajardo
René Ash Wagner entra haciendo sonar sus bototos negros que le ascienden casi hasta la rodilla contra el piso del mercado Tirso de Molina en la Vega Chica. Va en silencio contemplativo. Y más serio que perro en bote.
Son las dos de la tarde y la temperatura se eleva por sobre los 30 grados. Dentro de esos bototos sin duda hay mínimo 40 y tantos.
«No encuentro que haga tanto calor. Hay un poco de viento», opina en seco respecto del clima.
Lo secundan también silentes los tres otros integrantes de Nargaroth. Este grupo metalero alemán fue literalmente abandonado el jueves por un productor que canceló la presentación que llevaría a los teutones hasta Antofagasta por medio de un papelito. En términos muy, pero muy informales decía: «Perdón. Cagó todo. Imposible hacer el show».
Entonces no les quedó otra que pedir alojamiento por Facebook a algún fan en Santiago, hasta que finalmente un seguidor conocido hasta ahora sólo como «el Farkas del metal» les pagó el hospedaje en el hotel Diego de Almagro hasta el viernes.
La madrugada de este sábado viajan a Brasil y la idea era despedirse de Chile quitándose el amargo sabor del abrupto final de su gira que incluyó un show en Osorno y otro en Santiago.
Ash se saca una selfie. «Está bonito acá. Se parece a algunos lugares a los que he ido en México. En todos los lugares donde voy trato de ir a comer donde van los locales. Es donde se conoce la cocina de verdad», dice girando la bombilla dentro de su vaso con jugo de naranja natural.
Se instalan en el local «Melantojó» de la señora Edith Pérez. «Viví harto tiempo en Frankfurt, pero no los conocía. De todas formas es un honor», dice Edith mientras apura a su cocinero para que saque pronto los dos bistec a lo pobre «muy cocidos», el lomo salteado y el picante de mariscos que los músicos pidieron.
Los platos llegan. Los alemanes prueban. Y aprueban. Ash se limpia la boca con una servilleta y en plan zen declara: «De esta visita a Chile me quedo con esto: este plato; la impresionante respuesta de los fans cuando nos vimos en apuros, y los ratones muertos que con tanto cariño nos tiraron en el show de la Blondie». Entonces, aunque rudo igual, sonríe por primera vez.


