El humorista estaba con familiares y lloró de emoción
Paul Vásquez viajó para hacer reír y se encontró con el notición. La gente me decía que traje buenas vibras.
Sin que nadie se lo pidiera y sin ninguna cámara ni canal de por medio, Paul Vásquez agarró sus cosas y se fue a la mina San José el viernes. «Mi alma me dictó que tenía que hacer esto» contó el humorista, que decidió partir hasta el campamento donde las familias de los mineros atrapados permanecen sin descanso.
El viaje coincidiría con la epopeya vivida ayer. Cuando se dio la noticia de que los 33 trabajadores estaban vivos en el refugio, el Flaco se encontraba con ellos, en medio de tanta emoción. «Yo estaba con los familiares y me puse altiro a llorar. Fue un llanto de alegría y de ver a la gente feliz porque han pasado tanto, han tenido aguante a las noches heladas, sin saber cómo estaban los viejos abajo. Incluso, un niño me abrazó y me dijo llorando mi papito está vivo «, dijo el cómico, agregando que «esto fue una inyección de energía impresionante».
Vásquez permanecerá hasta mañana en el lugar, donde ha estado durante estos días no sólo brindando risas, sino también siendo el consejero de varios. «Todos los días me levantó muy temprano y recorro carpa por carpa saludándolos y escuchándolos. De ahí tomó desayuno y me paso el día conversando con todos, dándoles ánimo. Y en la noche les hago un pequeño show para que se relajen», comentó sobre la rutina que ha llevado desde que arribó, terapia a la que él llama «break del estrés» y que también realizó en algunos lugares días después del terremoto.
«Yo siempre dije que estaban vivos. Que no los íbamos a sacar, que ellos iban a salir solos. Y la gente ayer me decía Pucha, Flaco, eres nuestra cábala, trajiste buenas vibras «, contó el también bombero, que aclaró que esto no «lo he hecho por una labor bomberil, sino por algo social».
Y pese a que se va mañana debido a compromisos anteriores, Paul espera volver muy pronto, porque «quiero ojalá poder estar cuando los viejos salgan y cuando todo esto se acabe».
«Yo siempre dije que estaban vivos. Que no los íbamos a sacar, que iban a salir solos»


