Bovaglio relata sus primeros pasos en el fútbol y la vida
El DT dice que, como jugador, nunca fui figura, pero nunca un desastre.
De niño, Lucas Bovaglio era basquetbolista y futbolista. «Mis viejos (Óscar y Alcira Parra) me criaron prácticamente como hijo único porque con mis hermanos mayores (Cecilia y Óscar) yo tenía 11 y 10 años de diferencia y ellos se fueron de Rafaela a estudiar en la secundaria cuando yo era chico. Me incentivaron a hacer deportes en Atlético Rafaela, que estaba al frente de mi colegio y cerca de mi casa, y ahí me hice fanático del club e hice las inferiores. Mi mamá y mi abuela paterna, Rosa, eran las que me llevaban a entrenar y a jugar».
¿Por qué se fue por el lado del fútbol?
«Porque me dio más posibilidades de crecer en el deporte. Igual hoy yo soy muy seguidor del básquetbol, pero el fútbol me dio estabilidad y pude llegar a profesional».
¿Era bueno?
«Para serle sincero, era regular. Jugaba de zaguero central, cabeceaba bien y no tenía problemas para marcar. Pero no era crack. Yo era siempre nota 6 de 10: nunca fui figura, pero nunca un desastre. Era de condiciones limitadas, pero cumplía. Llegué hasta donde debía llegar. Pero, claramente, no hubiese pagado una entrada por verme jugar, jajajá».
Bovaglio DT ¿tendría en su plantel a Bovaglio jugador?
«Ehhh, sí, por lo regular y confiable».
¿Sus viejos no lo incentivaron a estudiar en lugar de ser futbolista?
«Me lo dijeron, pero cuando tenía 17 años les pedí un año y en ese año pude consolidarme. No me arrepiento y no echo de menos no tener un título, pero siempre me ha gustado leer y eso me tiene al día en muchos temas».
¿Fue difícil armar familia siendo un jugador recién ascendido?
«Claro y al principio fue complicado que mi señora entendiera mi profesión. De hecho, ni sabía que yo era futbolista cuando me encaró».
¿Ella lo encaró?
«Sí, en un bar de Rafaela. Valeria le pidió a un amigo, que era hermano de una amiga suya, que nos presentara. Me había visto en misa. Nos conocimos, le conté que era futbolista y cómo era mi vida, nos fuimos como novios a Venezuela y tras un año allá, nos casamos».
¿Ella se acostumbró a ser esposa de un futbolista?
«Nunca. Y tampoco de un entrenador. Pero me apoya y cada vez que puede, me viene a ver».
¿Fue una buena decisión venirse a Chile?
«Sí, porque me encuentro grato en este país, que me gustaría recorrer, y en este bonito club que es Palestino, que hace tiempo estaba como una opción de trabajo».
¿Se siente comprometido con la causa palestina también?
«Sí, en especial al saber que en el mundo hay muchas personas que nos siguen porque este club los representa y que quizás es una de las pocas alegrías que tienen en momentos trágicos, como los que viven hoy. Por eso, por ellos, queremos ganarlo todo».
Si tiene que elegir, ¿qué prefiere? ¿Ser campeón nacional o llegar alto en la Copa Sudamericana?
«Si tengo que elegir en algún momento a qué le doy prioridad, no dudo: ser campeón de Chile».


