Aterricé frío como un pescado, admitió Pedro Pablo Díaz
en avioneta
Como el cielo en aquella zona costera de la Séptima Región se encontraba bastante nuboso, lo que hacía peligrosa la travesía para la pequeña avioneta, se decidió emprender el retorno a la capital.
Fue a pocos minutos de aterrizar en el aeródromo de Tobalaba que la cosa se iba a poner realmente negra. Díaz cuenta que el tren de aterrizaje de la nave no bajaba, por lo que tuvieron que sobrevolar el terminal por más de una hora. Trataron por todos los medios de bajar las rueditas, pero nada. En eso Díaz buscó un frasquito plástico y se puso a orinar. ¿De susto? No, sino que para lubricar el sistema de aterrizaje.
«Es el procedimiento. Cuando se acaba el líquido hidráulico hay que echarle cualquier líquido y no teníamos nada, ni jugo. El ser humano también tiene líquido, y bueno, le echamos», contó Pedro Pablo.
Y aunque en un primer momento la orina no fue útil, con el correr de los minutos, y con algo de ayuda divina, se logró que bajaran las ruedas derecha y delantera. Con la izquierda no hubo caso debiendo aterrizar, por orden de Tobalaba, en la segunda pista de la terminal internacional de Santiago en Pudahuel. «Nunca tuve susto, aterricé frío como un pescado. Y me encomendé al Señor y al padre Renato Poblete. Voy a ir a darles las gracias», remató.
Le voy a dar gracias al Señor. Parece que me quiere más aquí. No tengo méritos para irme al Cielo todavía


