Qué bien lo ha hecho Monserrat Álvarez en Canal 13. Cayó parada en esa estación. Ayer hasta echaba la talla con el avezado y formal reportero Jorge Hans, instándolo a hacerse el invitado a tomar once con una familia que estaba entrevistando en la zona evacuada. Y Hans… le siguió la corriente.
Es que además de su probada capacidad profesional, esta mujer cuenta con un capital muy valioso en el mundo de las comunicaciones: se ríe.
No nerviosamente como Raquel Argandoña cuando en «60 minutos» le hacían una extraña gracia noticias sobre atropellos o accidentes con consecuencias fatales. Tampoco hablo de los ataques de risa que le bajaban en sus comienzos en Mega a Marixú Sangroniz. Hablo de una risa precisa. Disfruta su trabajo. Sabe que ser una lectora de noticias creíble no pasa por plantarse frente a la camarita con cara de poto.
La persona que llegó a reemplazar tiene un cartel mediático que daba para asustarse. Llegar después de que se fue Soledad Onetto no es cualquier cosa. Pero Monserrat, tal como cuando en «Estado Nacional» los políticos invitados querían conducir el programa y ella no los dejaba, está ahí, con su risa a flor de piel y ese manejo que dan los años, pero sobre todo la confianza en los medios propios.


