Senador está al pie del cañón desde el lunes
Reparte agua, petróleo y comida entre sus vecinos de la Octava Región. Pide leche.
Cinco días sin bañarse, un fuerte dolor de costillas por manejar un camión y pocas horas de sueño resumen la situación actual del senador Alejandro Navarro, quien desde el lunes está en la Octava Región ayudando como puede a superar el drama del terremoto. Desde acá clama por ayuda.
«La cosa sigue crítica. Que el país no piense que estamos saliendo de la crisis, estamos en medio de ella. Estoy en la población Santa Clara, en Talcahuano, donde está todo arrasado por el barro. Hasta hoy no ha llegado ninguna ayuda», declara el parlamentario.
-¿Estaba en Concepción?
-No, en Iquique. Me demoré casi 50 horas en llegar acá. No tenemos agua, pero estamos en mi camión, con mis dos furgones y mi ambulancia repartiendo agua. Acá se requiere mucha ayuda, la gente no tiene agua, no tiene comida.
-¿La reacción fue lenta?
-Fue lenta. A Haití llegamos en dos días y acá a Dichato, a Talcahuano, no hemos llegado en cinco. No estoy por acusar a nadie ahora, hay que trabajar para que la gente tenga para vivir. Manden leche para los niños. Leche, leche, leche.
-Usted reclamó en Twitter diciendo «qué cresta pasa».
-Eso es suave para lo que dicen los vecinos, para la rabia que sienten. Han soportado mucho, al quinto día esto es para desesperarse. Acá hubo un maremoto, y el que lo quiera negar que venga a Santa Clara, a Dichato, a Coliumo, y verá. Los barcos están en los cerros y los autos en los techos de las casas.
-¿La gente se siente abandonada por las autoridades?
-La gente tiene una capacidad de aguante enorme, pero claro que se siente abandonada por el gobierno. Mira: vino la Presidenta en helicóptero a mirar. Vino Piñera en helicóptero a mirar, ¿ah? Y la gente sigue esperando. Hay algunos que andan preocupados si suben o bajan sus acciones, poh.
-¿Usted ha dormido algo?
-Poco. Hace cinco días que no me baño. Me he quedado trabajando, repartiendo agua, combustible. A las cuatro de la mañana del jueves estábamos repartiendo petróleo para que los camiones de basura de Lota pudieran salir a trabajar. Estoy angustiado como los vecinos, porque tengo impotencia. Esto es una zona de guerra. Todas las calles con barricadas, la gente cuidando sus pertenencias.
-¿Faltan militares?
-Mira, los militares han sido aplaudidos. Les decimos a los muchachos «gracias por venir», pero no son suficientes. Falta contingente. Esta región es muy grande, somos dos millones de habitantes. Pero sí, volvió la tranquilidad cuando llegaron los militares.
-¿Algo bueno de todo esto?
-Que la gente se ha unido. Muchos no se conocían y ahora han tenido que hacer guardia y cola para el agua y compartir el pan y los pocos tallarines. En una sociedad tan dividida y distante, los vecinos se han reencontrado. Y como no pueden ver tele, conversan en la noche y se conocen. Ahora se estiman y se quieren por haber pasado este drama juntos.


