El volante anotó sus primeros dos tantos por Deportes Concepción en la final con Cobreloa
Cuando las cosas no te salen, no tienes en quién refugiarte, confesó el futbolista, quien festejó sus goles a caballo: Me hubiera fascinado ser jinete.
Apenas 23 goles lleva desde que es futbolista Nelson Sepúlveda y no hay duda de que los últimos dos pasaron a ser los más importantes de toda su carrera. El volante de 33 años fue decisivo en el ascenso de Deportes Concepción, luego que encajó al minuto 97 la histórica conquista que puso el 3-2 definitivo sobre Cobreloa. «Han pasado los días y aún no la creo. Imagínate, conseguir el ascenso en una cancha dificilísima como Calama y hacer yo dos de los tres goles fue maravilloso», se desahogó el mediocampista, que podrá contarles a los nietos que salió triunfador en dos liguillas por el ascenso en el Zorros del Desierto, contando la del 2018 con Cobresal.
Desde esa hazaña, Sepúlveda no ha parado de recibir elogios. Este martes, de hecho, fue el más aplaudido en el desayuno que les ofreció el alcalde de Concepción, Héctor Muñoz. Pero el santiaguino por ahora sólo piensa en reunirse cuanto antes con sus tres hijas, que viven en Ovalle y fueron la tabla para no hundirse cuando estuvo a punto de naufragar en Collao. «Este fue el primer año que estoy lejos de mis niñas y fue el más difícil, porque cuando las cosas no te salen, no tienes en quién refugiarte. Cuando a uno le va mal en el trabajo, ¿qué hace? Vuelves a la casa y ahí están los seres queridos, y te recargas. Pero yo no tuve ese escudo y lo pasé mal», agregó el «27» de los lilas, que es padre de Agustina, Josefa y Lía, sus tres princesas.
¿Pensó en tirar la toalla?
«Fue una lucha personal súper difícil y me replanteé las cosas, dudé de las decisiones que tomé. Pero mis hijas, mi mami, mi hermano, fueron mi motor para dar la batalla».
¿Por qué tuvo que alejarse de sus niñas?
«Porque ellas viven en Ovalle con la mamá. Yo trataba de, apenas me dieran un día, comprar un pasaje. Lo bueno es que acá hay vuelo directo a La Serena. Así que me iba hasta allá y luego me tomaba un bus a Ovalle para poder verlas por lo menos un día».
¿Y por qué celebró como jinete los goles sobre Cobreloa?
«Fue en honor a la gente linda que conocí en el Club Hípico de Concepción, que se convirtió en mi familia cuando el técnico (Manuel Suárez) me cortó y no me citaba. Me gustan los caballitos, entonces para no estar todo el día en la casa y caer en ese vacío de la pena, me iba al Club Hípico para salir a flote».
¿Desde siempre ha sido hípico?
«Empecé con Pablito Aránguiz y Jaime Carreño, ellos tenían un poco más de experiencia y me metieron en esto. Nosotros jugábamos póker, pero me mostraron las carreras de caballo hasta que me metí en el mundo, que conocí desde las bambalinas. Hoy tengo grandes amigos jinetes».
¿Le hubiera gustado ser jinete?
«Tengo el porte, pero el peso no, jajajá. Ellos pesan 50 kilos, 55 kilos, una locura. Claro. Y yo ni cuando debuté pesaba 50 kilos. Pero sí, me hubiera fascinado ser jinete, porque conozco todo el mundo que hay detrás. De hecho, cuando voy al Club me ubico en el partidor y me paso todo el día en los corrales».
¿Sigue en Concepción el 2026?
«Sí, tengo contrato vigente, así que estoy tranquilo, la gente y la ciudad me han tratado súper bien. Ojalá que el Conce sea un equipo protagonista en Primera División, que no sea mal catalogado como un ascensor. Esperemos tener un proyecto serio que venga de la mano con resultados».
¿Y llevará a sus hijas a vivir con usted?
«Sí, ya estábamos conversando para que se vinieran. Nos había costado por el colegio. El año pasado tenía que ver el tema de la tómbola y se nos hizo súper complicado, porque acá hay más gente. Nosotros veníamos de El Salvador, donde no es tan difícil encontrar colegios. Acá prácticamente tienen que echar a un niño para poder encontrar un cupo».


