Usando lentes de realidad virtual, estudiantes simulan entrevistas complejas basadas en casos reales
Sistema entrega retroalimentación automática para saber cómo el alumno hizo sentir a la pequeña entrevistada virtual.
Jacinta es una niña de 13 años que va en séptimo básico. En el casino de su colegio vivió una situación de acoso escolar, aunque para los testigos no resultó tan evidente. La posible agresora también es de su curso.
¿Qué pasó realmente? ¿Cómo ayudar a Jacinta y a su compañera? Esas son las interrogantes que deben responder los 46 alumnos de quinto año de Psicología de la Universidad del Desarrollo (UDD).
El método para abordarlo es a través de entrevistas que les realizan a las niñas involucradas, una testigo, la madre de Jacinta, el profesor jefe y el encargado de convivencia del colegio.
Un dato que faltaba. Jacinta y todos los protagonistas del caso de bullying no son reales: se trata de avatares creados por inteligencia artificial (IA). Usando visores de realidad virtual, los alumnos dialogan en tiempo real con los personajes digitales, que responden a sus preguntas desde una pantalla.
«Los estudiantes trabajan en grupos de tres; cada uno entrevista a dos actores de esta situación. Además, deben ir deconstruyendo la situación y responder a la pregunta general: qué le pasa a Jacinta», explica Francisca Cuevas, investigadora del Instituto de Bienestar Socioemocional UDD.
Hasta ahora los futuros profesionales pasaban este ramo de manera teórica. «Esta tecnología busca que puedan estar en un entorno seguro, enfrentándose a dilemas complejos», valora.
El caso analizado recibe datos de experiencias reales, lo que le otorga distintos caminos de desarrollo, dependiendo de la estrategia que defina cada alumno, que debe ir sacando información a través de su entrevista.
«Las respuestas no van a ser siempre las mismas. El alumno no tiene una lista de preguntas, sino que pregunta lo que cree necesario, como ocurre en la vida real», aclara la investigadora.
De ahí que cada encuentro discurra a su propio ritmo. «El avatar tiene lenguaje corporal. Había estudiantes que me decían Jacinta al principio estaba con los brazos cruzados y no me quería hablar mucho. Después cambiaba el semblante y sonreía, gracias por escucharme, les decía. Es una simulación, pero muy cercana a la realidad», afirma.
Uno de los beneficios es que al final de la entrevista el programa entrega un reporte inmediato de cómo se condujo el alumno. «Por ejemplo, qué tal fue el uso de las palabras, si tiene muletillas, si hubo contacto visual, si fue empático durante la entrevista», detalla la académica. La idea es que los estudiantes recojan esta retroalimentación y mejoren su accionar en una segunda entrevista.
«Sirvió muchísimo»
Zenta Reichenberger, alumna de quinto año, participó de la experiencia. «Tuvimos que estudiar un caso que nos habían mandado y ese día entramos a la sala de realidad virtual a interactuar con los personajes. Nunca lo había hecho, fue una experiencia súper interesante», destaca.
«Poder interactuar con distintos actores fue muy enriquecedor, probar con cada uno este rol del sicólogo», detalla.
Valora también la retroalimentación: «Qué tal lo habíamos hecho, nuestro tono al hablar, cómo se había sentido el paciente, o el docente y los apoderados. Uno terminaba de hablar con alguno de los involucrados e inmediatamente salía el informe. Sirvió muchísimo».
La estudiante planea dedicarse a la sicología educacional. «Me proyecto en esa área, para mí la experiencia era súper rica. Ahora estoy en mi práctica profesional en una escuela, igual me sirvió para tener un ejercicio práctico previo y poder relacionarme de mejor manera con docentes, directora, alumnos y apoderados», asegura.


