En la escuela de Tubul les hicieron recordar lo que vivieron el 27 de febrero
Lo que más los impactó fue que el mar les arrebatara sus hogares. Tienen que botar esas emociones, cuenta el profesor Ignacio Catrileo.
Flamean las letras que forman la frase «llegó la primavera», en un muro del segundo piso de la Escuela Brisas del Mar, de Tubul. Los niños vuelven a clases y corren entre sus nuevas salas: cinco carpas donadas por Suiza y que fueron instaladas en el patio de cemento por la Cruz Roja. Algunas de las antiguas, de las sólidas, se derrumbaron y las que quedaron en pie están quebradas. El mar dejó una inmunda marca de un metro 50 y los saqueos arrasaron con sillas, estantes, chapas y computadores.»Tía, el mar se llevó mis zapatos y me regalaron estas zapatillas», «tía, nuestra sala no está», «tía, me quedé sin ropa y sin uniforme», «tía, no quiero entrar». Están inquietos los niños. Sus mamás los observan desde cerca.»La bienvenida ha sido puro juego y dinámicas. También pintaron. Trataron de reflejar lo que habían vivido en el terremoto. A ellos les gusta el mar, pero les tienen temor a las olas. El terremoto fue muy fuerte, pero lo que más los impactó fue que el mar les arrebatara sus hogares», cuenta el profesor Ignacio Catrileo Latorre, quien lleva 26 años haciendo clases en el establecimiento de la caleta de pescadores del Golfo de Arauco, en la Octava Región. «Mientras tengan guardado esto, los niños nunca van a descansar. Tienen que botar esas emociones», explica.En una de las carpas de clases está pegada una hoja que dice «prebásica, prekínder, kínder». Unos carpinteros arman en otra un piso de madera, para bloquear, aunque sea un poco, la humedad. El martilleo es incesante. Las nuevas salas hasta tienen ventanas, pero es difícil poner un pizarrón en los muros de tela.»Hay un niño que dibujó puras rayas negras. Decía que era Superman en el terremoto», cuenta Lillian Salgado, una profesora. Otro de los dibujos muestra un «antes» y un «después». A la izquierda, un gran edificio rojo, con muchas ventanas. A la derecha, el mismo edificio, pero sin color, con puro lápiz de mina, totalmente quebrado.»Un chiquitito contó que vio todo negro, que tuvo que arrancar de la ola, que era toda negra. El hecho de ver la escuela destruida es chocante para ellos», explica Olivia Tillería, también profesora.En los dibujos hay muchas lanchas, seguramente las de los padres de los niños, con olas y peces encima, pero también hay otros con soles que sonríen, flores de colores y muchos helicópteros. Los que les trajeron ropa y comida, los que solo habían visto en la tele.
-«Un chiquitito contó que vio todo negro, que tuvo que arrancar de la ola, que era toda negra»
Profesora Olivia Tillería-El puente que parece dominóEl destrozado puente que conecta a Tubul con el mundo se repite en varias de estas pequeñas obras de arte, hechas casi todas en hojas de oficio. En una de ellas un monstruo marino emerge del mar. ¿Imaginación o trauma?Con lápiz rojo, un niño pintó en la parte de arriba de una hoja los bloques del puente, cada uno recostado sobre el otro, como las fichas del dominó cuando caen y quedan montadas. La foto de la estructura fue una de las tantas postales de la tragedia que publicaron en todo el mundo después del cataclismo.En Tubul, donde viven 3.049 personas, el sismo y el maremoto destruyeron el 85% de las 451 casas. La primera ola llegó a las 5:45 horas. Hubo una crujidera de botes y autos chocando contra todo. Luego vinieron dos olas más. Una, 40 minutos después y la última, a las 7:15 de la mañana. El área poblada afectada por el tsunami es de 0,35 kilómetros cuadrados, estima el Instituto Nacional de Estadísticas.
Profesora Olivia Tillería-El puente que parece dominóEl destrozado puente que conecta a Tubul con el mundo se repite en varias de estas pequeñas obras de arte, hechas casi todas en hojas de oficio. En una de ellas un monstruo marino emerge del mar. ¿Imaginación o trauma?Con lápiz rojo, un niño pintó en la parte de arriba de una hoja los bloques del puente, cada uno recostado sobre el otro, como las fichas del dominó cuando caen y quedan montadas. La foto de la estructura fue una de las tantas postales de la tragedia que publicaron en todo el mundo después del cataclismo.En Tubul, donde viven 3.049 personas, el sismo y el maremoto destruyeron el 85% de las 451 casas. La primera ola llegó a las 5:45 horas. Hubo una crujidera de botes y autos chocando contra todo. Luego vinieron dos olas más. Una, 40 minutos después y la última, a las 7:15 de la mañana. El área poblada afectada por el tsunami es de 0,35 kilómetros cuadrados, estima el Instituto Nacional de Estadísticas.


