Tapas perdidas, tubos imposibles, manillas rotas, piezas de juguetes: todo se puede crear a medida
En Morfik no hay un límite mínimo para los encargos: Si quieres imprimir cuatro porta completos, no hay problema.
Usar una impresora convencional ya es de por sí complejo: si no es por la tinta es por el papel, los controladores o simplemente porque se traba cuando uno más la necesita.
Una impresora 3D -que en rigor debería ser capaz de crear cualquier cosa- no solo hereda esas dificultades, sino que las multiplica. Ya no es sólo apretar un botón: hay que conocer sobre diseño digital, ajustar configuraciones específicas y resolver todo tipo de errores. También requiere de paciencia y cierta curva de aprendizaje que muchos no están dispuestos a recorrer.
«Se necesitan estudios de diseño y modelación 3D, además de horas de vuelo en el área, debido a que existen distintos tipos de máquinas y de filamentos que permiten mayores temperaturas y mejores acabados. Lo complejo es entender cómo modelar específicamente qué es lo que se quiere conseguir», explica Nicolás Salinero, socio de la empresa Morfik, que imprime en 3D a pedido.
¿Ejemplos? Coleccionables, elementos de branding para empresas y gadgets tecnológicos. «Pero apuntamos a que el cliente pueda pedirnos lo que desee y nosotros lo hacemos realidad», señala (@morfik.cl en Instagram, https://acortar.link/R4jm8A)
A diferencia de otros emprendimientos de impresión 3D, que suelen operar para pedidos más grandes, acá aceptan trabajos de cualquier magnitud. «Si me dices que quieres imprimir cuatro porta completos de perritos, no hay problema», promete Salineros.
Y aunque muchos asocian la impresión 3D con figuras decorativas o gadgets personalizados, Allan Alarcón, fundador de Morfik, insiste en que también puede ser una solución práctica para el hogar. «La factibilidad de que podamos hacer piezas para repuestos modeladas e impresas en 3D es súper alta», asegura.
Desde tapas de enchufes hasta manillas o adaptadores para mouse, su equipo ha trabajado en encargos que, más que estéticos, resuelven problemas concretos. «La única limitante que tenemos es el tamaño. Las máquinas que usamos tienen restricciones y hay medidas o especificaciones muy técnicas que no siempre se pueden lograr, sobre todo en piezas muy pequeñas», explica.
Uno de los casos que recuerda fue cuando los contactó la marca Marshmallow, conocida por sus juguetes para guaguas. «Ellos querían rehacer el molde de una guagüita porque el que tenían ya estaba gastado. Nosotros imprimimos ese repuesto y, hasta donde sabemos, todavía lo siguen usando. No fue necesario hacerle ninguna modificación a la pieza que se les entregó», dice Alarcón, quien guarda un registro fotográfico del proceso.
Actualmente están desarrollando piezas para un emprendimiento relacionado con el agua, donde fabrican partes de filtros. «Obviamente abarata mucho el costo frente a otros materiales: las piezas no tienen peso y no se corroen», destaca.
Morfik recibe la mayoría de estos pedidos por redes sociales, aunque dentro de las próximas semanas lanzarán su sitio web con un apartado especial para solicitudes a medida. «Para nosotros es fundamental tener la pieza que se rompió, la que quieren replicar», indica.
Nicolás, ¿puedo llegar con cualquier idea y ustedes me la imprimen?
«Esa es la idea. Es realmente algo increíble, ayer hablamos con una persona que quería figuras de los antiguos presidentes. Claramente hay encargos que no tomamos, como armas de fuego, que hoy existen en impresión 3D. Un elemento que todavía no incorporamos son los filamentos flexibles, como para imprimir pelotas de basketball, pero en el mundo sí existen. Y tampoco imprimimos prótesis, porque necesitan espacios controlados y estériles. Pero, dentro de lo normal, todo puede ser creado: herramientas, piezas específicas de repuesto o figuras coleccionables».


