Los animadores le dieron demasiadas oportunidades a un George Harris tan insípido como maleducado.
Bonvallet atribuía al «Chita» Cruz una anécdota de los días en que el exseleccionado chileno del Mundial de 1962 entrenaba a Deportes Laja. El DT, muy molesto por el desempeño de sus dirigidos, en el entretiempo habría escrito una «U» muy grande en la pizarra del camarín y les habría gritado apuntando a la letra: «¡Esto les falta a ustedes! ¡Humildad!»
De esa misma virtud careció George Harris anoche. Incluso llegó a límites nunca antes vistos ni escuchados sobre la Quinta Vergara, al invitar a quienes lo pifiaban a ir al baño a autosatisfacerse, para decirlo en términos suaves.
Por lo mismo, no correspondía que los animadores, Karen Doggenweiler y Rafael Araneda, trataran con un guante tan blanco a quien tenía ese comportamiento para enfrentar el desagrado de parte del público. En su momento, Jani Dueñas también cayó en esa conducta arrogante y confrontacional, pero nunca ofendió.
Fue Karen quien llamó a Harris a bajar los humos cuando le dijo, algo maliciosamente, como sabiendo lo patético del instante: «No hay que pelear con los chilenos. Siempre ganamos». Rafa lo reprendió cariñosamente, aconsejándole no entrar en ese tipo de interacciones con el respetable. Incluso le aconsejó que acelerara su inane rutina. Pero todo esto (y aquí viene lo insólito) en medio de más regresos al escenario de los que merecía alguien que además de carecer de gracia exhibía una facilidad para el berrinche muy poco profesional.
No exagero si digo que la gente se rió más con los comentarios entre canción y canción del vocalista de Bacilos (que también es extranjero) que con Harris. Lo de anoche no fue xenofobia, amigos venezolanos, sino fomefobia


