«No quiero un Bicentenario mamón»

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Alfredo Sepúlveda sale a desmitificar la historia

El periodista y escritor adelanta Independencia!, su último libro.

Alfredo Sepúlveda, periodista y profesor de la Universidad Alberto Hurtado, acaba de terminar su último libro, «¡Independencia!», y dice que su pega no es cuestionar a los historiadores, sino entregar relatos olvidados y desconocidos de la gesta emancipadora. «Es un periodo violento, sanguinario y brutal. Es una guerra civil entre chilenos. Los realistas son minorías y son también chilenos quienes enarbolan las últimas banderas del rey», enfatiza.

-¿Cómo espera que lo reciba la academia?

-Es un libro de divulgación. No me interesa que se comente entre la academia, no soy historiador y tampoco me interesa pelear.

-Hay mucho de ejercicio narrativo. Habla como Lord Cochrane, como Ramón Freire.

-Es un libro de no ficción. No estoy inventando los datos, sino la forma de entregarlos. Es un intento de desescolarizar todo. Está lleno de héroes, villanos, mitos y leyendas. Por eso apliqué periodismo a la historia.

-¿Descree de lo que nos enseñan en el colegio?

-Se trata de ser menos infantiles en la percepción que tenemos de la historia. Es un buen momento para hacerlo, aunque debió ocurrir antes. Yo no quiero un Bicentenario mamón, como de acto de colegio.

-Cochrane aparece insufrible, Freire rencoroso y Mateo de Toro y Zambrano es un viejo gagá.

-Yo la llamo especulación informada. Este proceso es un parto complejo, no es prístino como la libertad anhelada. El periodismo aporta desmitificando y consignando hechos.

-A Cochrane lo deja como chaleco de mono.

-Cochrane hizo muchas cosas buenas, pero también tenía episodios oscuros, como especulador bursátil. La crítica puede ser que me fijo sólo en lo malo, puede ser verdad.

-Y al pobre Mateo de Toro y Zambrano con incontinencia urinaria…

-Es un tipo que ha vivido mucho, porque ha comido muy bien, tenía recursos, haciendas, pero está en las últimas. Enfrenta un mundo nuevo que no entiende. Nació en 1730 y lo pusieron allí, en la primera junta de gobierno, porque lo podían controlar. Él trata de dejar contentos a patriotas y realistas.

-Su Ramón Freire es muy rabioso.

-El gran historiador Gabriel Salazar defiende a Freire y lo reivindica. Yo tomo eso y me doy una licencia. Diego Barros Arana ningunea a Freire todo el tiempo. Es bueno para las batallas, pero no tenía las capacidades para gobernar políticamente.

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