Que la de reina de los camioneros sea la última elección que se chacrea tanto.
Otra vez hubo fuertes rumores de que una página de un concurso de belleza farandulero habría estado hackeada. Esta vez se trató de «la reina de los camioneros». Otra vez el secreto a voces era que hubo participantes cuyos votos no eran recibidos ni computados y que, por el contrario, algunas candidatas subían con sospechosa celeridad su votación.
No es primera vez. Acusaciones similares han sido hechas a otros ciberconcursos de telebelleza, como la de reina del Festival de la leche y la carne de Osorno. Y ya sabemos que la candidata del canal organizador del Festival de Viña al título de miss corre con considerable ventaja, por un asunto numérico (tienen más acreditados para la cobertura y sobre todos ellos pesa una suerte de «orden de partido»-en este caso de canal- de inclinarse por la abanderada de la casa).
Para que estas instancias tengan más credibilidad y no se transformen en una oda a la turbiedad y la suspicacia falta hacer algunos cambios. Por ejemplo, ordenarlos por categorías. Cada inicio de primavera, un Miss Sub 20. Hoy mismo podrían enfrentarse Angie, Kel y Vale Roth. También debería organizarse un Miss Freaky, donde competirían Arenita, Nydian Fabregat y Maite Orsini. Y reflotar el Miss Señora Chile que se hizo un par de veces. Están pintadas para inscribirse Marcela Vacarezza, Soledad Bacarreza, Katty Kowaleczko y Viviana Nunes. Y un Miss Eternamente joven con Claudia Conserva y Paola Camaggi como favoritas para ceñirse la corona.
Sin ánimo de plantearnos frente a algo que técnicamente es una frivolidad con más solemnidad de la recomendable, también falta un reglamento que norme quiénes pueden participar de estos certámenes y qué sanciones les caerán encima si osan bajarse (como Kel y Adriana Barrientos en el concurso que acaba de pasar).
También el tema de los generales de campaña se ha chacreado una enormidad. Todos deberían ser como Felipe Avello, el único entretenedor profesional que va quedando.
Y se hace necesaria una ponderación de los votos. Desde el mismo momento que TVN pone la «marca Camiroaga» tras una candidata, todos los votos que reciba esa concursante deberían dividirse por cuatro por lo menos. No es lo mismo que en «Así somos» de La Red pidan votar al pasar por Andrea Dellacasa que Camiroaga diga «vote por Quenita».
¿Y qué me dice de las promesas de campaña? Andrea Dellacasa dijo que si ganaba el cetro de los transportistas aparecía con el cuerpo pintado, Quenita que iba a hacer obras sociales y nadie supo si lo del traje de látex de Marcela Vacarezza era una broma o se lanzó sólo para poner nervioso a su marido, Rafael Araneda. Demasiado desorden.
¿Por qué no volvemos a los jurados de carne y hueso en lugar de los virtuales, como en los tiempos de Miss Chile? Imagínese votando a Demetrio Marinakis, el doctor Héctor Valdés, Luciano Marocchino, Nataly Chilet, Iván Zamorano y María Gracia Subercaseaux. Y animando, quién otro que Vodanovic, que en aquellos tiempos las hacía todas. Hasta compuso la inolvidable cancioncita ésa de «Chile esta noche una reina tendrá».


