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Título/Pie de foto: Ricardo Martínez
Las diferencias entre contar chistes y hacer stand-up comedy.
Ricardo Martínez
El año pasado fue Jorge Alis, este, León Murillo. Ambos cultivan un humor que se conoce como «stand-up comedy» y sus diferencias con lo que vimos en los días anteriores es muy notoria: unos son contadores de chistes, estos son contadores de historias.
Los especialistas modernos en el humor, que comenzaron su trabajo con las investigaciones de Sigmund Freud, han reparado en que los chistes tienen una estructura muy habitual, de puesta en escena, conflicto, un remate sorpresivo y luego la carcajada (el «¡Plop!» de Condorito), mientras que el «stand-up» se preocupa más de presentar una situación en la que las personas se puedan reconocer. A esto se le denomina la «relevancia» (Sperber & amp; Wilson, 1986): la situación tiene que ser relevante para el público, algo que resulte importante o significativo en sus vidas, como en los casos presentados por Murillo.
Al hacerlo de esta manera, tipos como el mismo Alis, el propio Murillo o Coco Legrand, dejan a la gente reflexionando. Desde su permanente «se han fijado que…», donde quizá no nos riamos tanto, pero nos sonreímos bastante. Nos encontramos con nuestras propias historias y, lo que es más trascendente, según expertos como Francisco Yus (2002), con que nuestras vidas no son, a pesar de lo que creamos, tan distintas del resto. Caemos en la cuenta de somos todos mucho más parecidos de lo que pensamos.


