Dos estudiosos ingleses analizan la película en una publicación ilustrada
Estrenada en 1966, la obra maestra de Michelangelo Antonioni es ahora el objeto de estudio de dos expertos que analizan todos sus resortes visuales y narrativos.
Varias generaciones de fotógrafos han estrechado la mano del actor David Hemmings para agradecer la inspiración que éste les ofreció en el clásico filme Blow-Up (1966), de Michelangelo Antonioni.
El papel desempeñado por el intérprete, en efecto, puede encender la imaginación de cualquier adolescente aficionado a las cámaras: su rol era el de un inglés joven, sofisticado y brillante que pasaba sus días haciendo producciones de modas en las que trabajaba con las más bellas maniquíes del momento.
Como bien recuerdan todos los amantes del buen cine, la existencia del taquillero profesional sufría una brusca alteración cuando revelaba unas imágenes que había captado mientras paseaba por un parque de Londres. Gracias a sucesivas y cada vez más grandes ampliaciones de una toma en la que se veía a una pareja, descubría lo que parecía ser la mano de un pistolero oculto entre unos arbustos cercanos.
Considerada como una de las mejores películas de la historia del cine, y reconocida como la obra maestra de Antonioni, Blow-Up sigue siendo materia de estudio tanto para críticos cinematográficos como para especialistas en el arte de la fotografía. La prueba de ello es que ahora, más de cuarenta años después del estreno de la cinta, acaba de aparecer un libro que analiza los resortes visuales, narrativos y conceptuales de la historia protagonizada por Hemmings.
Publicado en Inglaterra por el sello Steidl, el trabajo se titula Antonioni's Blow-Up y fue escrito por los expertos Philippe Garner y David Alan Mellor. Garner forma parte del directorio de la casa de subastas Christie's y es un respetado especialista en fotografía del siglo veinte, mientras que Mellor es un profesor universitario de historia del arte que, además, domina materias como el cine y la fotografía de los últimos cien años.
El volumen, como corresponde, está ilustrado con abundantes fotos. Algunas fueron tomadas en el set, durante el rodaje en 1966, y otras corresponden a las fotos ampliadas que obsesionan al personaje central del relato, y que en realidad fueron hechas por Don McCullin, aplaudido autor de reportajes bélicos que también ha producido fascinantes registros de la Inglaterra rural.
Garner y Mellor combinan la galería de imágenes con una serie de textos analíticos en los que desarrollan diversas teorías acerca de la forma en que Antonioni ensambló su aplaudida reflexión cinematográfica acerca de los límites entre realidad y percepción. Al mismo tiempo, exploran los diversos referentes artísticos y literarios empleados por el director italiano.
Entre esos antecedentes, por cierto, se encuentra el conocido hecho de que el argumento está basado en el cuento «Las babas del diablo» (1964), de Julio Cortázar, quien, a su vez, creó esa historia inspirándose en una vivencia del fotógrafo chileno Sergio Larraín. La anécdota es la siguiente: durante un paseo por París, Larraín hizo una toma de un costado de la iglesia de Notre-Dame. Al revelar la imagen, descubrió que había registrado «un acto de malas costumbres».
El aniversarioEn 2006, el espacio londinense The Photographer's Gallery ofreció una exposición para celebrar el cuadragésimo aniversario del estreno de «Blow-Up».
El montaje incluyó las fotos que Arthur Evans tomó durante el rodaje de la cinta, así como las enigmáticas imágenes del supuesto crimen registrado por el protagonista del relato, y que en realidad fueron realizadas por Don McCullin. En la muestra, además, se presentaron las pinturas de Ian Stephenson, obras que ejercieron una poderosa influencia en Antonioni cuando éste llegó a Londres para dirigir el filme.


