Rancagüinos vencieron por 2-1 a Millonarios en Colombia y avanzaron en la Copa Sudamericana
Demostramos que estamos para pelear muchas cosas, dijo Bastián Yáñez, autor del primer gol celeste.
‘Sí, Omar, dale, eso, sí, sí'. El registro compartido por el defensa argentino Miguel Brizuela en redes sociales mostró al portero Omar Carabalí sacando sus mejores pasos de baile arriba del bus de regreso al hotel de concentración en Bogotá. El compacto de apenas diez segundos bastó para graficar el sentir de O'Higgins tras lograr una misión casi imposible: vencieron por 2-1 a Millonarios y clasificaron a la siguiente fase de la Copa Sudamericana
La fiesta celeste ya había comenzado una hora antes en el camarín visitante del estadio Nemesio Camacho, más conocido como El Campín. El primero en compartir fotos fue el defensor Felipe Faúndez, quien apareció posando junto su tocayo Felipe Ogaz y Martín Maturana. A los pocos segundos, el propio Faúndez se conectó a una transmisión en directo en Instagram. Se le vio animado, mostró el parlante de uno de sus compañeros e incluso se animó con pasos prohibidos. ¿El único problema? Se le había olvidado activar el sonido en el directo con sus seguidores.
El argentino Brizuela también se sumó a las postales virtuales y subió una historia junto a Martín Sarrafiore, Benjamín Schamine, Francisco González y Alan Robledo, entre otros. ‘Huevo y corazón', fue el título escogido para la foto grupal.
‘Estamos felices, es lo que veníamos a buscar. Estos muchachos tienen unos huevos tremendos. Hicimos historia en una cancha complicadísima, ante un gran rival, así que nos vamos a casa contentos. Demostramos que estamos para pelear muchas cosas', dijo Bastián Yáñez, autor del primer gol celeste.
O'Higgins aguantó como pudo hasta el pitazo final y los suplentes iniciaron los festejos al ingresar a la cancha para los abrazos. El técnico Lucas Bovaglio, por su parte, se palmoteó con su staff antes de unirse al jolgorio en el campo.
Omar Carabalí ni siquiera pudo llegar al punto de los abrazos. El arquero sufrió los centros constantes de los colombianos en el epílogo del partido y sólo atinó a desplomarse tras el final. Diego Carreño, el portero suplente rancagüino, se le acercó y lo abrazó, mientras el ecuatoriano dejaba caer lágrimas de felicidad. Luego Carabalí se volvió el alma de la fiesta, tal como se pudo ver en el bus.
El capitán Alan Robledo vivió una especie de redención personal. El defensor trasandino había terminado bastante caliente en la derrota por 3-2 ante Boston River la fecha anterior, pero este martes anotó el 2-0 transitorio. Tras las clasificación, las cámaras lo enfocaron congelado, de brazos abiertos y ojos cerrados, en modo de oración.
‘El equipo trabajó. Hubo chicos que cumplieron funciones que habitualmente no hacen, como ir al piso, en una faceta más defensiva que ofensiva. Pero no teníamos otra opción si queríamos regresar a Rancagua con la clasificación. Tenía una fe enorme de lo que podía suceder esta noche, me aferraba a que dependíamos de nosotros. Fue un gran mérito de los jugadores, hicieron un partido de hombres', reflexionó el técnico Lucas Bovaglio en la conferencia.
‘El equipo salió a jugar con personalidad, se plantó, respetó el plan de juego y no sucumbió ante el descuento del equipo rival. Es imposible no ilusionarse con estos chicos. En las primeras charlas grupales les decía que con este equipo teníamos para ir por un año que quede en la historia. El destino dirá', agregó convencido.


