Paciente con dolor crónico consiguió aliviarse gracias a dispositivo bajo la piel que se controla con el celular

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Poder volver a dormir dos horitas ha sido un alivio, dice Maribel Contreras

Hospital Traumatológico de Concepción es el primer hospital del país en instalar un neuroestimulador del ganglio de la raíz dorsal.

Maribel Contreras está diagnosticada con Síndrome de Dolor Regional Complejo (SDRS). Hace 10 años, mientras trabajaba en el área de carnicería de un supermercado en Chiguayante, sufrió un accidente. Estaba ordenando las cajas dentro del congelador de casi tres metros de altura, cuando dos de ellas, de 45 kilos de carne cada una, le cayeron encima del hombro y la mano. Recibió decenas de medicamentos, fue operada de la mano y del hombro, pero nada funcionó.

«Estuve un mes hospitalizada porque lloraba de dolor. Un día la mano se me empezó a cerrar y no pude volver a abrir los dedos. Fue terrible, humillante, tuve que pedir ayuda hasta para lavarme. Me acostaba y me despertaba con dolor en la mano, hombro y espalda. Prácticamente no dormía, porque hasta el roce de las sábanas me molestaba. No se lo deseo a nadie», relata la mujer de 48 años.

Tras 10 años de convivir con un dolor intratable, Maribel cuenta que por fin ha sentido un poco de alivio. El 27 de mayo se convirtió en la primera paciente en Chile en recibir un neuroestimulador del ganglio de la raíz dorsal (DRG), una novedosa técnica que bloquea la señal del dolor hacia la médula espinal, y que en toda Latinoamérica se han instalado solo 100 dispositivos desde 2021.

La inédita operación fue liderada por el anestesiólogo Germán Acuña, en el Hospital Traumatológico de Concepción, y fue monitoreada por el doctor argentino Fabián Piedimonti, con experiencia en el procedimiento.

«Se trata de un dispositivo que es como un alambre eléctrico que tiene polo positivo y negativo. Esos polos se activan tal como un marcapasos cardíaco y produce distintas combinaciones eléctricas que bloquean el ingreso de la información de dolor hacia la médula espinal. No deja que pase la señal eléctrica del dolor desde la zona del dolor hacia la médula espinal y el cerebro», dice Acuña.

La cirugía dura 50 minutos y se hace con el paciente despierto. En el caso de Maribel, el dispositivo se ingresó con una inyección peridural cervical a la altura del cuello. «Se atraviesa el ligamento amarillo y se llega al espacio epidural. Luego se asoma por un espacio que se llama agujero de conjunción, que es por donde entran los nervios sensitivos y por donde salen los nervios motores. Por ese agujero se instala este alambrito. Se hace una prueba dándole golpecitos eléctricos y el paciente describe si se le está pasando o no el dolor, así uno busca la posición exacta para dejar puesto este estimulador», detalla.

El disposituvo va conectado a una batería que se instala debajo de la piel, que es la que manda el estímulo eléctrico. «En este caso lo pusimos por detrás, debajo de la escápula. La batería, que dura siete años, está comunicada por bluetooth a un celular, que permite que el paciente pueda modificar su electroestimulación. Es una variante moderna del clásico estimulador de médula espinal. Las ventajas son que ataca específicamente la conducción del dolor, no hay que intervenir la médula, y los resultados son más eficientes. Si con un estimulador medular se consigue que el dolor baje de 10 a 5, con el estimulador de ganglio dorsal puede bajar de 10 a 3. El costo es del orden de 30 a 35 millones de pesos», describe Acuña.

 ¿Se puede usar para otros dolores crónicos?

«Sí, su principal uso es para lumbagos crónicos complejos, y otras dolencias, pero en un inicio vamos a privilegiar su uso para nuestros pacientes con SDRC en que todo falla. Esos pacientes tienen una vida del terror. Para nosotros ha sido una bendición la llegada de este dispositivo. Maribel era la paciente más difícil que teníamos. Ella no soportaba el ejercicio con los kinesiólogos. Ahora, gracias al dispositivo, ya volvió a rehabilitación».

«Me ha ayudado bastante, ya poder volver a dormir dos horitas para mí es harto, un alivio. No me quita el dolor del todo, pero he podido controlarlo. Es el primer tratamiento que ha tenido un efecto importante. Pasé por tantos doctores que me hicieron sentir que estaba loca, que no me creían que cuando el traumatólogo Mario Condal me dijo que me creía, me puse a llorar. Que él me derivara al doctor Acuña fue sacarme la lotería. Estoy muy agradecida», dice emocionada Maribel Contreras.

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