Estuvieron siete días a la deriva sin agua, sin comida y sin ningún sistema de comunicación
Como el bote juntaba el rocío en sus fibras, pasaban un trapo por esa fibra y luego lo estrujaban o se lo pasaban por la boca, cuenta un cercano a la familia.
Sus familiares y pescadores isleños no descasaron en su búsqueda.
Los pescadores pasaron una semana al garete e incomunicados, hasta que fueron rescatados por una embarcación que se topó con ellos, durante la madrugada de este domingo, en la costa de Pichilemu, Región de O'Higgins.
«Salieron a las 11 de la mañana. Levantaron las trampas y cuando quisieron hacer andar el motor, no les anduvo. Quedaron en panne», relata Adrián Silva, pescador y amigo desde la infancia de Diego. «Y ahí, el viento, el surazo, se los llevó. Además, no tenían cómo comunicarse. Cerca de las cuatro de la tarde salimos a buscarlos y no encontramos nada, la corriente se los llevó muy rápido».
Agrega que se les esperaba de vuelta en el puerto a más tardar a las 14 horas de aquel domingo. Como no aparecieron, sus familiares y conocidos comenzaron a buscarlo de inmediato.
«La búsqueda fue desde la isla Santa María hasta Valparaíso y hacia afuera. Las avionetas recorrieron a 90 millas mar adentro, a 60, 30 y no se encontraba nada», relata Silva, quien después pudo hablar por teléfono con los rescatados.
Agua de rocío
«Trataron de hacer como un bote a vela con unos remos que tenían», cuenta Silva. «Lo pararon, pusieron las carpas del motor y unas tarimas para que el viento pudiera agarrar el bote y llevarlo más a tierra. Pero me decían que llegaban a 3 millas náuticas de la costa y la corriente los volvía a sacar hacia afuera».
No solo no tenían agua ni comida, agrega Silva, sino que tampoco contaban con ningún sistema de comunicación que sirviera. Pero tenían ingenio.
«Ellos no comieron nada, pero como el bote juntaba el rocío en sus fibras, pasaban un trapo por esa fibra y luego la estrujaban o se lo pasaban por la boca para obtener agua. Nada más que eso. Por eso los encontraron mal, totalmente deshidratados», agrega.
También lograron mantenerse con vida aprovechando la humedad de la noche que, al chocar con la superficie fría de la lancha, se condensaba y les proporcionaba algunas gotas extra de agua dulce.
La suerte llegó recién a las 6.20 horas de este domingo. Siete días después de que se extraviaran, en las cercanías de la costa de Punta de Lobos en la comuna de Pichilemu, la lancha de la familia Cruz avistó a «Soledad», una embarcación de Constitución.
«Don Rodrigo me dijo que su hijo Diego estuvo muy mal, prácticamente muerto durante 2 días y luego como que despertó con fuerzas. Me dijo que le conversaba a su hijo para darle fuerzas para seguir luchando, que no lo dejaría solo y que fue un milagro que los rescataran. Un día más y los encontraban muertos, dijo. Iban a la deriva y la corriente los tiró hasta chocar con otra lancha llamada Soledad, que los encontró 12 millas náuticas afuera de Pichilemu», relata el amigo de los Cruz.
Se reencontrarán con la isla
«Ellos están bien y en este momento en un centro asistencial en Pichilemu», confirmó durante la mañana del domingo el capitán Osvaldo Cuadra, del Puerto de Coronel. Según la Armada, padre e hijo fueron estabilizados y trasladados por el bote «Facundo» hasta el hospital de Pichilemu, donde recibieron atención médica.


