Padres de la sirenita de Isla Mocha llevan 46 días buscándola

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El papá de Carla Mellado dice que no se irá sin el cuerpo de la joven que se llevó el tsunami

Excavamos con palas, tenemos ganchos especiales, pero nada, se resigna Alvaro Mellado.

Dos días después del cataclismo del 27 de febrero Álvaro Mellado se las arregló para llegar a Isla Mocha junto a su familia. Partieron desde Temuco con una sola misión: encontrar a su hija Carla y a su pololo Erick. A ellos el terremoto los pilló en el quinto día de vacaciones, durmiendo en una carpa en el sector de Punta Lobos. En ese mismo lugar enfrentaron el tsunami.

«Radioaficionados aseguraron que estaban bien, pero de todas formas quisimos ir a buscarlos. Cuando llegamos a la isla nos encontramos con los papás de Erick. Fue devastador, ellos se habían enterado de que habían desaparecido», relata Álvaro, de 41 años y jefe de ventas de una multitienda del centro de Temuco. Hoy cumple 46 días buscando a su hija. «Ha sido agobiante, ha sido mucha la angustia, porque todos los días salimos con la esperanza de encontrarla y al final nos quedamos con la frustración», cuenta con tranquilidad desde Isla Mocha.

Álvaro y su mujer, Pilar Valdebenito, caminan cada jornada entre 15 y 20 kilómetros buscando a Carla, estudiante de 21 años de ingeniería en recursos naturales de la UFRO. Más de 300 personas los han apoyado en el rastreo, entre buzos de la Armada, bomberos y compañeros de carrera de la muchacha. El centro de operaciones lo tienen instalado en la casa de la señora Bernarda, en el sector de caleta La Hacienda (ver infografía).

«Excavamos con palas, tenemos ganchos especiales, buscamos en la arena. Todos los días vamos de un extremo a otro de la playa, pero nada ha dado resultado», comenta.

-¿Qué ocurrió esa noche?

-Una ola de 25 metros, según testigos, entró por el sector norte de la isla, justo donde estaban ellos. Cuando entró, no tuvieron la sapiencia y corrieron por la orilla. Quizás cuánto pudieron avanzar. puede ser que unos 700 metros, pero después creemos que el mar los tomó, los subió y los desplazó mil metros.

-Terrible.

-Nunca me hubiera imaginado algo así. Yo soy un tipo con mucha fe en Dios. Estoy profundamente agradecido de la hija que me dio y le voy a agradecer toda la vida haberla tenido, pero le voy a reprochar siempre la forma en que me la quitó. Si Dios existe no nos merecíamos esto y ella menos. Es desolador pensar que ella está debajo del agua. Faltan kilómetros de cercas de alambre de púa y solo imaginar que puede estar enrollada en eso es terrible. ¿Por qué a nosotros?, ¿por qué mi hija?, ¿por qué de esta forma?

-¿Qué pasó cuando encontraron a Erick?

-Avisaron por radio que habían encontrado un cuerpo y corrimos todos. Cuando nos dimos cuenta de que era Erick tuvimos sentimientos encontrados. Nos alegramos por sus padres, porque a él lo queríamos montones. Lo más grato era que no tenía marcas, tenía la mirada serena. Estábamos felices por él, pero la agonía seguía para nosotros. Eso es terrible.

-¿Qué han hallado en estos 45 días?

-La ropa con la que la vieron el día anterior. Probablemente la había lavado y la tenía colgada para que se secara. También algunos de sus apuntes. Cada vez que ubicamos algo así, nos quebramos.

-¿Hasta cuándo seguirán buscando?

-Su cuerpo es lo que necesitamos, porque tenemos que llevarla a su casa y darle su sepultura. Ni siquiera nos hemos planteado la posibilidad de dejar de buscarla. Tiene que haber formas para ubicarla y el mar tiene que permitirnos eso. Acepté que mi hija está muerta, acepté el dolor de encontrarla quizás en qué condiciones, pero no la encuentro.

¿Por qué le pusieron la sirenita?La historia no contada de Carla

Cuenta Álvaro Mellado que a su hija «le pusieron sirenita los pescadores de Tirúa. Ellos la llevaron con Erick hasta la Isla Mocha y cuando iban llegando una de las personas que estaba allá les preguntó si no habían pescado nada. Uno de ellos miró a mi hija y le respondió a modo de broma: ¿no ves la sirenita que traigo?».

-Álvaro, ¿tiene esperanzas de encontrarla con vida?

-Hemos agotado todas las cosas que se nos han pasado por la mente, cada dato. Guardamos un mínimo de esperanza, pero siendo bien objetivo y realista, lo más seguro es que mi hija está muerta y enredada por ahí, en el agua.

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