Es un guiño a lo antiguo. Pero en el momento de hoy, dice la encargada del proyecto
Algunos muebles se buscaron en anticuarios y otros se mandaron a hacer. Los libros de los dueños están por toda la casa.
Una gran transformación de una casa de Providencia del siglo XX llevó a cabo la arquitecta e interiorista María José Martínez (Instagram: @Mariajosemartinez.interiorismo). Un joven matrimonio le encomendó reformar una antigua vivienda que habían comprado hace pocos meses en esta comuna. El inmueble estaba en perfecto estado, pero querían darle un sello propio y moderno, conservando sus principales características arquitectónicas clásicas.
«Ellos tenían sus muebles, pero querían empezar prácticamente de cero. Su idea era que la casa fuera un renacer absoluto. Se trata de una vivienda de 1940, que tiene un estilo francés neoclásico y que está muy bien mantenida. El proyecto de interiorismo trató de potenciar al máximo las características de la arquitectura de la casa. No disruptivo, sino amarrándose a lo que ya existía», cuenta Martínez.
Se remodelaron todos los interiores, excepto la cocina.
«Cada ambiente de la casa tiene características diferentes el uno del otro. La idea es que en el recorrido uno vaya encontrándose con alguna sorpresa», añade.
Algunos de los muebles que tenían se incorporaron en ciertos espacios. Pero la mayoría de las cosas se diseñaron especialmente para la pareja y otras se adquirieron en una tienda de antigüedades.
«Un sofá estilo Luis XV lo conseguimos en un anticuario. Lo mismo que una lámpara que cuelga del cielo del hall de acceso y un piso para el piano. También compramos un chiffonnier, que es un mueble de una madera tallada. El piano, que era una herencia familiar de uno de los propietarios, se ubicó en el living», detalla.
El proyecto también buscó mezclar lo neoclásico con lo contemporáneo.
«Es un guiño a lo antiguo. Pero en el momento de hoy. Diseñamos muchos muebles de colores que a veces son difícil de encontrar. Las mesas de centro del living, que son de color verde, las mandamos a hacer especialmente para ese ambiente. El bar que está en el comedor también. Todos los closets de las habitaciones los mandamos a hacer. La idea es que la casa se acomodara al uso actual (no contaba con clóset)», cuenta Martínez.
De lo que estaba se mantuvo el piso de parqué, un piso de mármol como tablero de ajedrez en la terraza y en el hall de acceso, los apliqué tallados, la escalera y sus accesorios de bronce y las cornisas que se ubican en la vivienda.
Mucho color
Martínez comenta que la propiedad tiene unos 380 metros cuadrados y cuenta con tres pisos.
«En el primer piso están el living, el comedor, la cocina, el hall de acceso y el dormitorio principal; en el segundo nivel hay tres habitaciones y el escritorio; y en el tercero hay una sala de estar, el escritorio y otro dormitorio», señala.
«Los clientes tenían ganas de que el color fuera un elemento prioritario dentro de la casa. No querían que fuera todo plano y en la escala de beige o grises, que estaban acostumbrados de ver en todas partes: querían que esta casa causara impacto. A veces el color a la gente le da susto. Pero ellos eran súper atrevidos y arriesgados. Les gustaba el hecho de mezclar tonalidades y que el uso del color fuera un elemento importante», reconoce.

Se observan muchos libros?
«Ambos son amantes de los libros, tienen millones. En la antesala del dormitorio principal hicimos un librero grande. Además, nos pidieron que los libros fueran parte de los espacios comunes. De hecho, en el hall de acceso diseñamos un mueble azul, que tiene el mismo color de los muros, con iluminación LED. Los libros pasan a ser parte de los elementos decorativos. Parecen casi un revestimiento».
¿El papel mural fue decisión suya?
«Es parte de nuestra propuesta. Personalmente me gustan mucho los papeles murales: sirve para destacar el carácter de la vivienda».
Hay uno de estilo escocés?
«Sí, ese mural se encuentra en uno de los escritorios. Se hizo así porque a uno de los propietarios le gusta mucho este estilo y este patrón».


