La freestyler Catalina Vega fue la única mujer en el equipo subcampeón del Mundial de Influencers
El calor de Malasia, los horarios y la diferencia física con algunos rivales europeos fueron los únicos obstáculos que debió superar el combinado nacional.
La freestyler Catalina Vega, de 31 años, fue la única mujer que formó parte del equipo nacional de creadores de contenido que logró el segundo lugar en el Mundial de Influencers que se desarrolló en Malasia. Aunque en un principio las bases del torneo exigían dos mujeres por equipo, la imposibilidad de las selecciones de otros países de reclutar a dos jugadoras obligó a que luego pudiera viajar una sola.
Catalina, ex artista del Cirque du Soleil y campeona latinoamericana de fútbol freestyle, dice que no se hizo problemas con ser la única mujer en un camarín lleno de hombres. «Para mí nunca fue un problema jugar con hombres. Nunca había estado en un equipo mixto, siempre jugué en equipos femeninos, pero cuando chica jugaba con puros hombres. Siempre me tocó ser la única mujer que jugaba a la pelota en el barrio o en el grupo de amigos y no tuve problemas con eso», cuenta.
Lo único que le costó, admite la joven, «fue un par de selecciones, Francia e Inglaterra, que a nivel físico eran muy potentes. Incluso entre los hombres la diferencia física se notaba».
Catalina Vega jugó de lateral derecha y sólo no fue titular el primer día, precisamente ante Francia. Luego jugó todos los partidos desde el inicio, incluida la final contra el mismo rival del partido inaugural. «El profe no me puso en el partido inaugural por decisión técnica, por lo mismo que te decía de la diferencia física con los franceses, pero después me tocó jugar todo. Me voy contenta con mi desempeño, me siento satisfecha con lo que jugué aunque lógicamente lo que queríamos era ser campeones», afirma.
¿Sufrió mucho con el calor de Malasia?
«Más que el calor, el problema en los partidos de la fase de grupos fue la humedad y que jugamos en un recinto cerrado, con muchos focos encendidos. Entonces, claro, terminábamos súper transpirados todos. Lo otro complicado fue el horario. Nosotros llegamos dos semanas antes a Malasia para adaptarnos al horario de allá y al final terminamos jugando como si estuviéramos con la hora chilena. Los partidos eran tarde en la noche no sólo por el calor, sino que además por la hora de las transmisiones, porque la mayoría de los equipos eran latinoamericanos y así se transmitían en las tardes de acá».
¿Cómo lo hacían en los vestuarios? Usted era la única mujer. ¿Tenía un camarín sola?
«No, nunca hubo un problema con eso. Yo me cambiaba con mis compañeros y jamás hubo alguna mala cara o una incomodidad, ni de mi parte ni tampoco la sentí de parte de ellos. Yo siempre anduve con calzas así que jamás me sentí incómoda ni pasada a llevar. Habíamos jugado antes juntos con mis compañeros y con otras compañeras y jamás hubo un problema».
La freestyler cuenta que ahora tiene otro desafío internacional: el 22 de septiembre parte a Medellín para participar del campeonato sudamericano de fútbol freestyle. «Me voy a perder el cumpleaños de mi hermano, que es el 23, pero ya lo tenía claro, es parte de esto. Me he estado preparando todos los días para quedar entre los ocho mejores y clasificar a la final mundial, que es en Polonia en diciembre. Hasta en Malasia estuve entrenando para esto, en el hotel, y acá en Chile todos los días en la mañana haciendo rutinas».


