Camilo Pavez y Francisca Cortés Monroy lo hicieron de un día para otro
Creen que podrían haber sacado más dinero si no hubieran sido por apuro. Especialista en comercio de segunda mano dice que el precio de reventa siempre es 30% menos.
Camilo Pavez y Francisca Cortés Monroy vivieron un año y tres meses en Aveiro, Portugal. Su idea original era instalarse en Braga, pero durante un viaje para ver partidos de la selección portuguesa pasaron unos días en la «Venecia de Portugal» y cambiaron el plan. La ciudad, conocida por sus canales y por ser más tranquila que Lisboa, les ofrecía un ritmo que se ajustaba a lo que buscaban tras salir de Santiago.
Llegaron con una visa Working Holiday y al cuarto día en la ciudad firmaron un contrato de arriendo por un departamento en el centro. Pagaban 950 euros al mes por un espacio de 35 metros cuadrados, con servicios incluidos.
Después de hacer su vida por 15 meses en la ciudad, la decisión de dejar Aveiro se hizo inminente: ya no querían un punto fijo y empezaron a planificar un viaje por el Sudeste Asiático.
«Lo decidimos con mucha nostalgia también, porque Aveiro es una ciudad que realmente nos encantó», añade la kinesióloga.
El tema de partir, eso sí, no fue solo cerrar el contrato de arriendo. Tuvieron que vender prácticamente todo en cuestión de días: muebles, electrodomésticos, ropa y hasta artículos electrónicos. Las plataformas que usaron fueron principalmente Facebook Marketplace, grupos de WhatsApp de chilenos en Portugal y ferias online.
«Preferíamos que nuestras cosas quedaran con gente conocida o que las necesitara», cuenta Cortés Monroy.
Cuando eso no funcionó del todo, ampliaron la venta a plataformas abiertas al público general.
Actualmente están en el segundo mes del viaje. Partieron por Vietnam y han seguido moviéndose entre ciudades, sin una ruta fija ni tiempo estimado de regreso. Se desplazan con mochilas pequeñas, cargando solo lo necesario.
«Yo ando con cuatro poleras y dos shorts en mi mochila», cuenta Pavez, profesor de educación física. «Lavo y me seco todos los días».
No llevan más equipaje porque las aerolíneas tienen límites estrictos de peso y porque, aseguran, lo que tenían en Portugal ya era demasiado para el tipo de viaje que están haciendo ahora. En Instagram están como @patiperros__.
Camilo, ¿vendieron todo muy a pérdida?
«La verdad es que sí. Por ejemplo, el televisor que nos salió 200 euros, lo vendimos en 80 euros. Claro. Un dron que compramos en Portugal, que nos salió 360 euros, lo vendimos en 200. Mi PlayStation, que traje desde Chile y me costó $650.000, se fue en 300 euros (unos $335.000), con ocho juegos, control y lo tenía prácticamente nuevo, porque yo lo cuidaba como un bebé».
¿Fue conversado entre ustedes el tema de vender a pérdida?
«Sí. Fue conversado, pero si no vendíamos, nos íbamos a quedar con las cosas y no nos servían. Necesitábamos la plata para comprar pasajes, arrendar a diario y comer durante el viaje. Teníamos plata, pero necesitábamos más. No podíamos dejar las cosas ahí a la deriva y tampoco nos las podíamos llevar. Entonces, pensábamos que si era el último precio que nos daban, no había nada más que hacer».
Francisca, donaron casi toda la ropa.
«Un error de principiantes que se van a vivir a otro país es llevar demasiadas cosas. Cada uno se trajo una maleta grande y una maleta pequeña a Portugal y además compró más cosas. Cuando estábamos desarmando nuestras maletas nos dimos cuenta de que era muchísima ropa. Yo soy talla muy pequeña y tuve que donar casi todas esas cosas. Camilo vendió un poco más».
Camilo, ¿cómo fue la ropa para usted?
«Yo soy fanático de la ropa y tenía mucha que era de marca. Vendí, te lo juro, a dos euros poleras que en Chile me salieron 35 lucas o jeans de 40 lucas a 5 euros. Literalmente hicimos como una feria de las pulgas, pero online».
¿Quedaron conformes con la venta o creen que habrían hecho algo mejor?
«Quizás lo podríamos haber planificado con más anticipación para obtener mejor precio, pero también pensábamos que si lo hacíamos con más tiempo, quizá íbamos a vender cosas que eran indispensables para el día a día en Portugal como el hervidor, la loza, la tele. Eran cosas que nosotros ocupábamos».
Eso no deja de ser, Francisca.
«Vendimos todo literalmente un día antes de irnos, pero las cosas se desvalorizan cuando ya están usadas. A pesar de que estén impecables y todo, ofrecen mucho menos del valor original. Con Camilo como que nos rendimos y aceptamos el precio porque no había otra opción».
Castigo a los precios
Daniela Awad, fundadora de la plataforma de compra y venta de objetos de segunda mano Matuttera (@matuttera en Instagram), explica que cualquier producto usado se deprecia por lo menos 30%.
¿Y si hay que vender de forma urgente?
«Eso baja un montón el valor de las cosas, entre 60% y 65% menos que el precio original. Esa es la forma de vender muy rápido».
Para saber cuánto puede costar un producto, sugiere tomarle una foto, buscarlo en Google el precio actual y aplicar entre 30% y 50% de descuento, según los detalles de desgaste que tenga.
En muebles influye mucho la marca, sobre todo si son marcas cotizadas, y si los objetos aún están vigentes.
Y si se trata de vender electrodomésticos el asunto agrega una complejidad.
«Si ya no tienen garantía, la persona que compra se arriesga a que no funcione. Son productos en los que las fallas son poco controlables y no se detectan en el minuto de cerrar el trato», advierte.


