«Estoy molesto. Le quieren echar la culpa a la Cata de todo lo que le pasó y nada que ver. Los culpables son otros, los del parque. Yo vi lo que pasó», dijo Javier Caro tras salir del Juzgado de Garantía de Rancagua, donde este martes comenzó el juicio simplificado por la trágica muerte de Catalina Torres, de 21 años. La joven era guía de felinos del Parque Safari de Rancagua, cuando el 6 de agosto de 2021 fue atacada por un tigre de bengala mientras realizaba labores de aseo y mantención de rieles.
El Ministerio Público acusa por cuasidelito de homicidio a Iván Sánchez, dueño del Parque Safari; a su hijo Pablo Sánchez, gerente de operaciones; y Valeria Olmos, veterinaria del parque. Se solicita una pena de presidio menor en su grado mínimo, por lo que arriesgan 541 días de prisión.
Uno de los primeros en declarar durante la jornada fue Javier Caro, de 27 años. Ante la magistrada explicó que él era una de las dos personas que estuvo con la joven en el momento del ataque; es decir, testigo directo.
«Catalina era guía del safari y yo su chofer. Nuestra función era hacer los tours de los felinos. La conocía de hace años, pero llevábamos unos meses viviendo juntos, éramos pololos».
Caro relató que el día anterior Pablo Sánchez les había pedido que llegaran más temprano al día siguiente para cumplir otra función: limpiar los rieles de los portones de acceso a las áreas de felinos. «Nos levantamos temprano y llegamos juntos con Catalina a las 8:30», recuerda. Fueron a buscar la camioneta (sin protecciones) y cosas para trabajar, como un rastrillo y escoba, el control de los portones y una radio de comunicación. En ese momento llegó Bryan, el tercer compañero.
El testigo explicó que el área de felinos era un circuito de dos partes. Se ingresaba por el portón hacia el sector de los leones, contiguo al sector de los tigres, separado por una pequeña área denominada zona de seguridad con portones para evitar que se mezclaran tigres y leones. Finalmente se salía por el acceso de área de tigres. Durante la maniobra de mantención y limpieza -que los muchachos ya habían realizado en junio- se suponía que los animales se encontraban encerrados en sus jaulas.
«Nos paramos afuera del portón y me presento por la radio: Soy Javier, de felinos. Voy con Catalina y Bryan a hacer mantenimiento de rieles. ¿Podemos pasar?. Sí, adelante, nos dice una voz femenina. Nunca nos avisaron que había un tigre suelto».
Caro continúa: «Entramos a barrer el primer portón. Seguimos con el siguiente portón, barrimos todas las piedras».
Tras terminar con los portones de los leones, siguieron a los portones de acceso a la zona de tigres. «Hicimos el mismo procedimiento. Pasamos un portón y después el otro. Estábamos en eso cuando la Cata vio unos papeles tirados a unos metros y los fue a recoger. Ahí apareció el tigre».
«Nosotros no lo vimos, porque ese día estaba muy nublado (neblina) y el tigre era blanco. Con Bryan nos dimos cuenta cuando la Cata se asustó y se fue de espalda. Cuando la vi irse de espalda lo único que atiné fue gritarle al Bryan que se subiera a la camioneta para poder tirarle el vehículo encima al tigre y tratar de alejarlo y acércame a la Cata. Cuando abro la puerta para subirla al auto, porque Catalina era menudita, muy chiquitica?Cuando intenté subirla, el tigre la agarró del hombro y se la lleva, la arrastró hacia la laguna seca, al centro del patio. Yo me tiro con el auto, mientras avisábamos por la radio, pero nadie nos contestó. Gritamos por ayuda y nadie respondió. Bryan estaba muerto de miedo, tratando de llamar por teléfono».
Ante la pregunta del fiscal por la reacción de Catalina en ese momento, Javier respondió que ella estaba consciente y tratando de defenderse. «Intentaba cubrirse el cuello, porque sabía cómo funcionaba la naturaleza de ese animal. Ese tigre tiene un colmillo de 15 a 20 centímetros. Yo le tocaba la bocina, me iba a bajar, pero la Cata me grita que no y que les dijera a sus papás que ella los amaba mucho. Como nadie nos respondió salí a pedir ayuda. Estaba en shock. Después recuerdo que sólo vi entrar camiones a la zona».
Javier aseguró que ni él ni sus compañeros recibieron alguna capacitación para enfrentar una emergencia así.
Tras dar su testimonio, Javier Caro recalca que para limpiar los rieles de los portones había que abrirlos y traspasar la zona de seguridad. «Los rieles se limpiaban porque quedaban muchas piedras y después no cerraban. De hecho varias veces durante los tours los portones quedaban atascados».
Durante la audiencia también declaró la veterinaria Valeria Olmos, quien autorizó el ingreso de los jóvenes ese día.
En su relato, aseguró que ella sabía que el día anterior el tigre «Niño» había quedado en el patio de su recinto ya que no habían podido encerrarlo, pero que se habían activado las medidas de seguridad pertinentes, como dejar con candado el portón de acceso por el lado de los tigres y con el cerco eléctrico encendido. «Esa fue información la compartí en el grupo de WhatsApp con las demás jefaturas».
Liliana Cantero, abogada querellante, comentó que junto a la Fiscalía mantienen la tesis de que hubo falta de medidas de seguridad, tanto en capacitación de los trabajadores, protocolos de seguridad y de emergencia, así como también tardanza en el auxilio de la víctima. «Vamos a probar que Catalina estuvo al menos media hora agonizando. Ella pudo haberse salvado si la reacción hubiese sido la correcta».
En tanto la defensa de los imputados asegura que los tres trabajadores fueron negligentes e imprudentes al dejar la zona segura y entrar al área de los felinos.