La exesposa del Chino Ríos abrió el debate de los princesos en Vecinos al límite
A la emprendedora le molestan los tipos que paguen la cuenta y abran las puertas del auto, por ejemplo.
En la entrevista que le hizo Karla Constant en el capítulo del miércoles de «Vecinos al límite» , Paula Pavic reiteró que al momento de separarse de Marcelo «Chino» Ríos se independizó también económicamente. «Lo único que quiero es poder generar yo todo eso y no depende de él. Quiero comprar mi casa y hacer todo yo», aseguró. Junto con eso la emprendedora levantó una postura que en se topó con Leonardo Vallana, el competidor del reality que se autodenomina Princeso. «Todo lo que me carga de un hombre», le dijo a la cara.
En el momento de tensión que mostró el programa de Canal 13, Pavic fue directa: «Te digo una cosa: eres la representación total de lo que yo odio en los hombres. Esos princesos». Vallana se defendió con que «yo soy Princeso no por ese Princeso moderno de ahora. Son dos cosas diferentes». Y explicó que el término mutó con el tiempo: «Con el tiempo le empezaron a decir a los princesos los que no llaman, los que no buscan, los que no pagan la cena y yo hago todo eso». «Eso es todo lo que me carga. Me cargan los hombres así», sentenció Paula.
Julitroz (Gastón Guerrero), quien junto a Tomás Leiva lleva el react del reality, reconoció, en el minuto, que quedó medio helado con el intercambio. Con las horas reflexionó que «cuando alguien dice que le cargan los princesos, en el fondo está rechazando a hombres que son más atentos, emocionales o que también esperan reciprocidad. Y eso no tiene nada de malo. Ser preocupado o cariñoso no te hace menos hombre. De hecho, criticar a un hombre por ser así es más retroceso que avance». Y fue más allá al leer entre líneas la reacción de Pavic: «Su forma de expresarse quizás viene más de su generación o de malas experiencias con parejas».
Entonces, ¿qué es exactamente un princeso y de dónde viene el término? El sociólogo Alberto Meneses, entendido en tribus urbanas, esboza una respuesta: «Los princesos son lo opuesto al macho alfa, ellos dieron un vuelco en los métodos de conquista volviendo a los antiguos códigos, por ejemplo regalar flores, chocolates, abrir la puerta del auto, ir al lado de la calle en la vereda».
¿Eso está mal en estos tiempos?
«No debería, lo que pasa es que el concepto también tiene una forma negativa: hombres más pasivos, más enrollados, sin iniciativa. Los princesos vienen a reivindicar antiguas formas de conectar desde la masculinidad tradicional con un lado emocional más explorado. Son sensibles y hablan de lo que sienten sin miedo».
La filósofa Cristina Salazar lo ve desde una arista más profunda: «Lo femenino se adhiere a lo masculino en un princeso. Eso contempla a un hombre con rasgos que se le han prohibido mostrar por siglos: llorar, buscar apoyo emocional, verbalizar sus temores, incluso en oportunidades convertir a las mujeres en proveedoras mientras él se encarga de la casa y la crianza. No es malo ni bueno, es un escalón de evolución donde el hombre explora desde lo femenino».


